¿Cuál fue la importancia de Argelia durante el Franquismo?

La región de Orán, en la actual Argelia, perteneció a España desde 1509 hasta finales del siglo XVIII, aunque no fue una colonia próspera. Finalmente, cuando casi ya no quedaban españoles, se vendió al dey de Argel (Bachoud, 2002). Entre 1830 y 1914, cuando los franceses ya habían colonizado el territorio, aproximadamente medio millón de españoles emigraron a la región por motivos económicos, representando más de la mitad de los europeos en la colonia. Muchos de ellos eran de clase baja, y relacionaron su identidad con los movimientos de izquierdas. A medida que España perdía lo que le quedaba de su imperio colonial desarrolló una sensación de nostalgia por haber perdido Orán, acompañada de un resentimiento hacia los franceses, que estaban consolidando parte de su imperio en la zona. A principios del siglo XX, en la región de Orán, el número de españoles era superior al de franceses de origen (Vilar Ramírez et al., 2004, p. 209), lo que creó un cierto ambiente de reivindicación española del Oranesado. Primo de Rivera intentó ganar influencia en Argelia a través de la Iglesia y de algunos intentos de crear escuelas propias, aunque Francia lo detuvo tanto como pudo. Durante la Segunda República Española se intensificó el contacto hispano-argelino, que fomentó el republicanismo entre los españoles y originarios españoles que vivían en Argelia (Páez-Camino Arias, 2012). La República intentó aplicar una reforma interna e impulsó algunas ocupaciones efectivas en el norte de África, como en el caso de Ifni. Sin embargo, los proyectos coloniales republicanos en África no prosperaron por la presión interna de los africanistas tradicionales y por la conflictiva situación internacional. En este contexto sucedió la guerra civil española; ¿cuál fue la importancia de Argelia durante el franquismo?

Desde el principio de la Guerra Civil llegaron españoles republicanos a Argelia, muchos de los cuales venían del Marruecos español (Martín Corrales, 2012). Muchos otros fueron deportados desde los campos de internamiento franceses más adelante, o llegaron en barco desde la península. Algunos de estos refugiados se quedaron en la región, mientras que para otros solo fue un lugar de paso. A finales de la Guerra Civil, unos 50 000 españoles republicanos habían desembarcado en Orán. En primer lugar, es interesante cómo la comunidad española originaria mantenía una cierta identidad hispánica, ligada a las tendencias políticas de izquierdas. De hecho, este vínculo había propiciado que algunos argelinos de origen español fueran a España a luchar junto a los republicanos, y que la población de origen español creara una cierta solidaridad de tipo étnico y político con los exiliados (Bachoud, 2002). En marzo de 1939 llegaron entre 10 000 y 12 000 refugiados al puerto de Orán, pero tuvieron que permanecer en los barcos durante dos meses porque las autoridades portuarias no les permitían desembarcar. Finalmente, la movilización de la población local favoreció el desenlace de la situación, aunque los exiliados fueron enviados a campos «de acogida» improvisados, además de ser calificados de «indeseables» (Escribano Miralles, 2012). Algunos campos eran mejores que otros, incluso algunos permitían una cierta libertad a los reclusos, pero la mayoría de los refugiados vivía en condiciones deplorables. Con el régimen de Pétain, más hostil a los republicanos, estas condiciones empeoraron. Las izquierdas locales simpatizaban con los refugiados españoles republicanos, denunciando su situación en los periódicos e incluso recaudando dinero para ayudarlos. Este vínculo se perpetuó; de hecho, el PCE fue cercano al Partido Comunista Argelino, y le ayudó a sobrevivir cuando Pétain lo condenó a la disolución. Más adelante, los campos se acabaron disolviendo; muchos refugiados lograron escaparse y vivir clandestinamente y otros se fueron del país. Aunque cuatro quintos de los españoles de Argelia eran republicanos, en Argelia también había algunos franquistas, sobre todo desde el inicio del franquismo, que pensaban que había que recuperar la Oranesado y exaltaban su ideología a través de actos como el Día de la Raza (Bouzekri, 2012, p. 61). El gobierno franquista también expresó pretensiones expansionistas sobre Orán. Esto inquietó a las autoridades francesas, que incluso intentaron frenar la influencia española dificultándoles los permisos de trabajo. Desde 1939, figuras franquistas como el nuevo cónsul de Orán, Bernabé Toca, desarrollaron una política irredentista. En ese contexto se dieron algunas tensiones diplomáticas entre España y Francia. Por ejemplo, en 1940, el obispo francés León Durant pronunció en todas las iglesias de Orán un texto pastoral que proclamaba que Argelia había conocido la paz gracias a la conquista francesa. El cónsul español se quejó, pero el prefecto de Orán justificó que el acto era una respuesta a las actividades provocativas antifrancesas por parte del Consulado (Bouzekri, 2012, pp. 59-60). En 1942, el cónsul franquista en Orán se quejó de la libertad de la que gozaba la mayoría española republicana en la región, ya que se le permitía repartir propaganda antifranquista y perpetrar actos en contra de los consulados españoles. Aunque estos últimos intentaron fomentar el franquismo en la zona, sus actividades propagandísticas no tuvieron éxito. Finalmente, cuando Hitler se negó a darle a Franco el control del norte de África y prometió a Pétain no tocar el Imperio francés, Franco cesó las reclamaciones y empezó a asegurar su futuro, ya que previó la victoria de los aliados. Fue entonces cuando los partidarios de Franco en Argelia se convirtieron «invisibles» (Bachoud, 2002).

A partir de entonces, los republicanos españoles empezaron a alzar la voz, desarrollando una cierta actividad cultural y política, así como revelando lo que habían sufrido en los campos de internamiento. La mayoría se instaló en Argel, que se convirtió en la efímera «capital antifranquista». Sin embargo, aunque incluso reaparecieron partidos de izquierdas como el PSOE, esta actividad política fue perdiendo intensidad porque no tenían demasiados afiliados y los dirigentes más importantes se habían marchado de Argelia a principios de los años cuarenta por la hostilidad de las autoridades del país. La mayor parte de los republicanos llevaban una vida tranquila (Bachoud, 2002). De todos modos, los comunistas españoles publicaban propaganda ideológica y tenían vínculos con el PCA. Es interesante el hecho de que escritores como Camus quisieran vincular sus orígenes migratorios con el imaginario de un pueblo heroico republicano que huía del fascismo, cosa que comenta Hélène Rufat: «Camus, siempre que tiene la oportunidad, habla con pasión de España y de su injusticia» (Rufat, Pich y Martín, 2018).

A raíz de su exclusión de la comunidad internacional desde 1946, España buscó una nueva legitimidad a través de defender el derecho de autodeterminación de los pueblos, lo que la acercó a los países árabes. Además, estaba enemistada con Francia por su dominio de Marruecos (Pich y Martín, 2018, pp. 16-17). Así pues, al principio de la guerra de Argelia, España apoyó el independentismo argelino. Por ejemplo, permitió el tráfico del FLN por el puerto de Nador (Marquina, 2012, p. 30). A partir de 1957, Franco comenzó a apoyar a Francia, principalmente por el nuevo equipo de ministros que había llegado al poder, como Castiella, que priorizaron mejorar las relaciones con Francia para conseguir el apoyo de las organizaciones europeas y eliminar los organismos políticos españoles exiliados en territorio francés. Además, España vio que el destino de sus posesiones en África estaba ligado a la continuidad de los franceses en Argelia, sobre todo después de los ataques marroquíes a Ifni en 1958. Gracias al intenso apoyo de España al gaullismo, Francia contribuyó a que el país se convirtiera en miembro asociado de la Organización Europea para la Cooperación Económica en 1958. Cuando De Gaulle viró la política francesa hacia la «Argelia para los argelinos», España se mantuvo a la espera durante un tiempo por su afinidad con los defensores de la Argelia francesa, la Organisation de la Armée Secrète (OAS), que de hecho se creó en Madrid en 1961. Aunque Franco concedió asilo y ayuda financiera a los generales y miembros de la OAS tras el juicio en París contra los responsables del «golpe de los generales», que había fracasado, España acabó optando por mantener buenas relaciones con Francia por sus intereses políticos internacionales (Ybarra, 2000). Así pues, en septiembre de 1961 detuvieron a los miembros de la OAS que había en el país. En cuanto a los españoles u originarios españoles que se encontraban en Argelia, cuando empezó la guerra había unos 41 300, 10 000 de los cuales eran exiliados republicanos (Mekia, 2008, p. 19). La mayoría apoyaron a los franceses, y solo apoyaron la independencia del país cuando la metrópoli lo hizo; de hecho, algunos de ellos incluso participaron en la OAS. No apoyaban la descolonización de Argelia porque buscaban estabilidad política tras las turbulentas situaciones que habían vivido, además de que las organizaciones republicanas exiliadas se ubicaban en gran medida en Francia y sus colonias. A muchos comunistas tampoco les gustaba la idea de una Argelia independiente, islámica y arabófona (Voinot Meissner, 2020). Sin embargo, algunos de los hijos de los refugiados españoles republicanos simpatizaron con el FLN.

Cuando se terminó la guerra de Independencia de Argelia, grandes cantidades de personas abandonaron el país temiendo las represalias por haber apoyado el bando derrotado. De hecho, la presencia española se extinguió casi totalmente cuando el país se independizó en 1962. Como en Francia eran considerados ciudadanos de segunda, buscaron otras opciones; en España se instalaron unos 60 000 pied-noirs, muchos de ellos descendientes de españoles (Vilar et al., 2004, p. 211). El nuevo Estado argelino, que se proclamó socialista y anticolonialista, atrajo movimientos como ETA, que sentía una cierta fascinación por el FLN e intentó emular su estrategia para aplicarla en Euskadi. En cambio, el catalanismo se vio relativamente poco influenciado por el independentismo argelino, mientras que la Revolución argelina solo influenció algunas ideas del movimiento gallego (Pich y Martín, 2018, p. 251). El Movimiento para la Autonomía y la Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) también estuvo relacionado con Argelia, ya que esta lo apoyó. Finalmente, a partir de finales de los años sesenta, España empezó a perder la precaria influencia que le quedaba en el norte de África; perdió Ifni en 1969 y abandonó el Sahara Occidental en 1976 (Pérez García, 2006).

Argelia fue importante para España durante mucho tiempo por los vínculos históricos y migratorios que tenía con la región. Tras la Guerra Civil, se encontraron en el país una mayoría española republicana exiliada, una población de izquierdas de origen español y un pequeño grupo de franquistas, que reclamaban el retorno del Oranesado a España. Franco apoyó a estos últimos, y hubo algunas tensiones diplomáticas entre España y Francia, hasta que las condiciones a nivel internacional hicieron que el dictador se decantara por la supervivencia del régimen. Los republicanos exiliados siguieron perpetuando sus ideas, aunque cada vez con menos intensidad. Cuando empezó la guerra de Argelia, Franco apoyó al FLN para contrariar a Francia debido a las disputas por Marruecos y por el aislamiento internacional que sufría. Más tarde, cuando los nuevos ministros del régimen iniciaron una estrategia para integrar España en la comunidad internacional, el país pasó a apoyar a De Gaulle. Cuando este dio la independencia a Argelia, Franco acabó aceptándolo, a pesar de su afinidad con la OAS. Casi ninguno de los españoles u originarios españoles apoyó al FLN, y prácticamente todos huyeron de Argelia durante el conflicto, llegando 60 000 a España. Finalmente, al final de la dictadura de Franco, España acabó perdiendo la mayoría de los pocos territorios coloniales que le quedaban en el norte de África, después de cuarenta años debatiéndose entre el expansionismo africanista y la integración a la comunidad internacional por la supervivencia del régimen.


Bibliografía

Bachoud, A. (2002). Exilios y migraciones en Argelia. Las difíciles relaciones entre Francia y España. AYER, 47, 81-101.

Vaca Lorenzo, A., Molénat, J. y Vilar Ramírez, J. (2004). Españoles en el Norte de África: un ciclo migratorio olvidado (1830-1862) en A. Vaca Lorenzo (Ed.), Minorías y migraciones en la historia. (1ª ed., pp. 208-220). Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca).

Páez-Camino Arias, F. (2012). El Magreb en las relaciones hispano-francesas durante los años treinta. Ediciones Universidad De Salamanca, 13-14, 199-213.

Martín Corrales, E. (2012). La emigración española en argelia. AWRAQ, (5-6), 47-62. E

Ecribano Miralles, P. (2012). Refugiats del republicanisme espanyol a l’Àfrica del Nord durant la Segona Guerra Mundial. Segle XX, (5), 63-83.

Bouzekri, N. (2012). Derrotados, desterrados e internados. Españoles y catalanes en la Argelia colonial. ¿La memoria olvidada o el miedo a la memoria? (1936-1962) [Tesis de doctorado, Universitat Autònoma de Barcelona].

Pich Mitjana, J., y Martín Corrales, E. (2018). La guerra de independencia de Argelia y sus repercusiones en España (1.ª ed.). Barcelona: Edicions Bellaterra

Ybarra Enríquez de la Orden, M. (2000). La Argelia independiente: entre el socialismo y el fundamentalismo religioso. Anales De Historia Contemporánea, 15, 55-73.

Marquina, A. (2012). Las Relaciones Hispano-Argelinas Contexto histórico, desafíos y proyectos comunes. Foro Hispano-Argelina.

Mekia, N. (2008). Argelia y la cuestión palestina durante el periodo del gobierno del FLN:1962-1988. [Tesis de doctorado, Universidad Autónoma de Madrid] .

Páez-Camino, F. (31 de enero de 2013). Españoles en Argelia: conquistas, migraciones, exilios. Conferencia pronunciada por autor en la Universidad de Mayores Experiencia Recíproca, Madrid.

Voinot Meissner, P. (2020). La descolonización de Argelia . Universidad de Cantabria.

Pérez García, G. (2006). El diario Le Monde y la intervención francesa en el Sahara Occidental. Ámbitos, 15, 435-448.

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