El altruismo eficaz: una introducción

0
505

A lo largo de la pasada década, un grupo de filósofos, científicos y activistas han venido dando forma al «altruismo eficaz» (effective altruism, en inglés), un movimiento social que es al mismo tiempo una doctrina filosófica, y cuyas tesis principales podrían enunciarse del siguiente modo:

  1. Tenemos el deber moral de (o, por lo menos, poderosas razones para) ayudar a otros. O, como dirían los filósofos morales, tenemos obligaciones positivas de beneficencia.
  2. Nuestros esfuerzos para cumplir con este deber deben centrarse en aquellas causas con un mayor impacto esperado.
  3. La elección de instrumentos y propuestas para abordar dichas causas debe estar guiada por la mejor evidencia científica disponible acerca de su efectividad (es decir, su probabilidad de resolver o aliviar de manera exitosa el problema en cuestión).[1]

Este artículo pretende ofrecer una introducción a los presupuestos filosóficos del movimiento. Para ello, analizaremos con algo de detalle cada una de estas tesis.

En primer lugar, los altruistas eficaces sostienen que tenemos razones morales (o incluso el deber) de ayudar a otros. En filosofía práctica, es común distinguir entre obligaciones de no maleficencia y obligaciones de beneficencia. Las primeras nos prohíben dañar a terceros, a no ser que haya alguna razón sólida que lo justifique. En general, yo tengo la obligación de abstenerme de golpear a las personas con las que me voy cruzando por la calle. Esta es una obligación de no maleficencia clara. Pero, como la mayoría de obligaciones, no es absoluta: si una de esas personas intenta agredirme sin razón, yo puedo legítimamente golpearla en defensa propia (siempre que ello sea necesario para evitar la agresión, y proporcional al peligro real). Las obligaciones de beneficencia, por el contrario, nos exigen ayudar a terceros. Algunos ejemplos no excesivamente controvertidos incluyen el deber de arreglarle el coche a un amigo si me he comprometido a ello o salvar a un desconocido que se está ahogando en un estanque, aunque ello implique mojarme una camisa recién lavada.[2] En el primer caso, tenemos una obligación relacional, que se activa en virtud de las relaciones y los compromisos que establecemos con otros (en este caso, una promesa). En el segundo caso, la obligación es imparcial, pues se deriva únicamente del valor del bienestar del individuo cuya vida corre peligro —al que, por hipótesis, no conocemos en absoluto.

Los altruistas eficaces defienden que tenemos la obligación de ayudar a otros, y que esto tiene implicaciones relevantes en el mundo actual, en el que el bienestar de un enorme número de individuos (conocidos y desconocidos, humanos y no humanos) se encuentra en juego —–por causas diversas: debido a las enfermedades asociadas a la pobreza extrema, o al impacto del cambio climático. En su versión más fuerte, esta tesis sostiene que tenemos el deber de considerar imparcialmente el bienestar de todos los individuos, independientemente de las relaciones que hayamos establecido con ellos, así como de su posición espacial o temporal (que alguien vaya a padecer un grave sufrimiento de aquí a diez años no disminuye la importancia del daño). Una versión más débil afirmaría que, aunque siempre es permisible considerar imparcialmente el bienestar de todos los individuos, en algunos casos es moralmente aceptable favorecer a aquellos con quienes mantenemos determinadas relaciones, y precisamente porque mantenemos dichas relaciones (esto es lo que los filósofos morales llaman agent-relative reasons, o razones relativas al agente).[3] Y aún una versión más débil sostendría que, al menos para quienes vivimos en países económicamente desarrollados, nuestra relación con al menos un gran número de estos individuos cuyo bienestar se encuentra amenazado es análoga al caso del desconocido ahogándose en un estanque: en ambos casos, se argumenta, podemos evitar (o contribuir a evitar) daños de una enorme importancia a un coste relativamente bajo (por ejemplo, realizando una donación a una ONG cuyo impacto esperado sea elevado: una mosquitera, esencial para protegerse contra la malaria en los países pobres, tiene un coste aproximado de dos dólares[4]).

Evidentemente, cada una de estas tres versiones asume una visión diferente tanto del alcance como de la fuerza de las obligaciones positivas a las que estamos sometidos. Esto no debería resultar sorprendente, dado que los altruistas eficaces parten de teorías morales diferentes.[5] En todo caso, existe un cierto consenso en que estas obligaciones tienen un alcance suficientemente amplio, y una fuerza suficientemente grande, como para exigirnos hacer más de lo que hacemos en la actualidad (tanto a nivel individual como institucional).

De acuerdo con la segunda tesis del altruismo eficaz, nuestros deberes de beneficencia deben descargarse de un modo eficiente (o, para algunos, del modo más eficiente posible). En otras palabras: cuando ayudamos a terceros, debemos tratar de tener el mayor impacto posible (o, por lo menos, un gran impacto). La intuición central detrás de esta tesis es que para descargar un deber de beneficencia no basta con querer ayudar a otros; para ello, uno debe, además, emplear métodos cuyo impacto esperado sea elevado (de ahí hablar de altruismo eficaz). Supongamos que debemos elegir entre ayudar a 10 o a 200 personas, que el coste en ambos casos será el mismo, y que no mantenemos con ninguno de estos individuos relaciones del tipo que podrían justificar un trato parcial. En una situación de este tipo, parecería que la decisión moralmente preferible es la de ayudar al mayor número de personas, que es al mismo tiempo la más eficiente y efectiva. Esto es así, sostiene el defensor del altruismo eficaz, porque además de tener el deber de ayudar a otros, tenemos el deber (de segundo grado) de ayudar al mayor número de personas posible.

A juicio del filósofo Theron Pummer, este deber adicional es vinculante incluso si no tenemos un deber de ayudar en primer lugar.[6] El argumento de Pummer parte de la siguiente observación: intuitivamente, parece que, si yo no tengo una obligación general de hacer X o Y, pero decido voluntariamente realizar alguna de las dos, entonces no puedo tener una obligación de elegir una de las dos opciones (pues al fin y al cabo, podría, legítimamente, no haber hecho nada). La intuición central tras esta idea es que los mismos factores que justifican que yo pueda no hacer nada en primer lugar justifican también que pueda no realizar X (si decido realizar Y) o no realizar Y (si decido realizar X). Pero las cosas, sostiene Pummer, no son tan sencillas.

Supongamos que dos trenes sin frenos circulan por dos vías diferentes, en una de las cuales se encuentra atada una persona, y a la otra de las cuáles están atadas diez personas. En ambos casos, el tren arrollará a las víctimas, acabando con sus vidas en el acto. Sin embargo, por alguna razón, es posible detener uno de los dos trenes si colocamos el brazo en una de las vías. Lamentablemente, si hacemos esto perderemos el brazo. Intuitivamente, parece que el coste sería demasiado alto como para decir que alguien tiene un deber moral de frenar el tren, y Pummer así lo asume. Ahora bien, supongamos que yo decido frenar el tren, sacrificando por ello mi brazo. Si la tesis intuitiva fuera correcta, yo no tendría el deber de frenar ninguno de estos dos trenes en especial: podría echarlo a suertes, por ejemplo. Sin embargo, parecería que, intuitivamente, en una situación de este tipo (es decir, si decido hacer algo, y asumiendo que los costes implicados son análogos) sí estoy obligado a frenar un tren en concreto: aquel que se dirige hacia las diez personas. Ahora bien, si yo no tengo un deber moral incondicional de salvar a ninguna de las potenciales víctimas, ¿cómo voy a adquirir un deber de este tipo si decido voluntariamente intervenir, asumiendo con ello el coste correspondiente? La respuesta de Pummer es: precisamente porque has decidido intervenir. En el ejemplo, lo que impedía hablar de un deber moral de beneficencia era el coste que implicaba intervenir. Pero, desde el momento en que decido asumirlo, ya no puedo apelar a ello para excusarme. Dicho de otro modo: los factores que me permiten no hacer nada (el coste implicado) no me permiten elegir libremente qué opción tomar si decido intervenir (pues, en este caso, el coste ya ha sido voluntariamente asumido, y frenar el tren que se dirige al mayor número de personas no lo incrementa en modo alguno).

Si el argumento de Pummer es correcto, el deber de ayudar de un modo eficiente y eficaz se mantendría incluso si no existe un deber incondicional de ayudar en primer lugar. Supongamos, por ejemplo, que no tengo un deber de contribuir a ninguna ONG, debido al coste que ello supondría para mi maltrecha economía. Aun así, decido hacer un esfuerzo y donar 20 dólares, que puedo invertir en una ONG que se dedica a prevenir la ceguera inducida por el tracoma ocular (una infección bacteriana) o en una ONG que se dedica a entrenar a perros guía (para personas ciegas). Supongamos, además, que se necesitan alrededor de 100 dólares para prevenir la ceguera en el primer caso, mientras que se necesitan alrededor de 40 000 dólares para entrenar a un perro guía para que este pueda desarrollar su trabajo efectivamente.[7] Por último, supongamos que no tengo ninguna vinculación emocional o personal con ninguna de estas causas, y que además el entrenamiento del perro guía se realizaría empleando un proceso moralmente impecable. En este caso, parece que obtendríamos un resultado parecido al del ejemplo original de Pummer: intuitivamente, parece que la opción moralmente preferible es aquella capaz de tener un impacto mayor a un coste menor (aquella, en definitiva, que es más eficiente y eficaz). Y ello sería así porque al decidir asumir voluntariamente el coste de contribuir a la ONG, estaría renunciando a la única razón por la que podría decirse que no tengo un deber de realizar dicha contribución en primer lugar.

Por último, la tercera tesis filosófica del altruismo eficaz sostiene que la elección de instrumentos para descargar nuestros dos deberes anteriores debe estar informada por la mejor evidencia científica disponible. Dicho brevemente: cuando ayudamos a los demás, debemos tratar de tener un impacto elevado (o tal vez el mayor impacto posible), y esto sólo puede evaluarse recurriendo a los métodos de las ciencias naturales y sociales. Esto tiene dos implicaciones. Primero, que el contenido concreto de nuestros deberes es contingente (y dependerá de la evidencia científica disponible determinada en un momento concreto). Segundo, que el contenido de nuestros deberes es además falible y revisable (pues la evidencia científica de la que disponemos en cualquier momento es siempre susceptible de ser impugnada en el futuro).  

Al principio de este artículo, señalaba que el altruismo eficaz es al mismo tiempo una doctrina filosófica y un movimiento social. En este segundo rol, el altruismo eficaz ha venido desarrollando una extensa red de investigación interdisciplinar, destinada a la evaluación del impacto de las diversas causas, así como de la efectividad de las diferentes propuestas para abordarlas. Esta red incluye foros en la red (como el Effective Altruism Forum), centros y organizaciones centradas en la investigación (como el Global Priorities Institute o el Centre for Effective Altruism and the Future of Humanity Institute, Rethink Priorities, o 80,000 hours), organismos para la evaluación de ONG (como GiveWell o Animal Charity Evaluators) o iniciativas como Giving What We Can, cuyos miembros se comprometen a donar un 10 por ciento de su sueldo a organizaciones benéficas.  

Por supuesto, tomadas en sí mismas, las tesis del altruismo eficaz no son excesivamente novedosas. Lo innovador de dicho movimiento estriba en el modo en que ha tratado de conjugar la teoría y la práctica, valiéndose para ello de los instrumentos facilitados por internet (como los foros y otras tantas páginas webs) y los avances metodológicos en las ciencias naturales y sociales (que nos permiten realizar evaluaciones que quedaban fuera del alcance de nuestra mano hace apenas unas décadas). En este texto, he tratado de ofrecer una breve introducción al primero de estos dos aspectos, la teoría detrás del altruismo eficaz. Si el lector la encuentra persuasiva, quizá quiera darse un paseo (virtual) por GiveWell o Animal Charity Evaluators.


Imagen: Prateek Katyal / @prateekkatyal

[1] La bibliografía sobre el tema es extensa. Algunas referencias incluyen: Berkey, B. (2021). The Philosophical Core of Effective Altruism, Journal of Social Philosophy, 52(1), 92-113; McAskill, W. (2015). Doing Good Better; Pummer, Theron y William MacAskill. En prensa. Effective altruisme. International Encyclopedia of Ethics; Singer, Peter. (2015). The Most Good You Can Do. New Haven: Yale University Press; Skelton, A. (2016). The Ethical Principles of Effective Altruism, Journal of Global Ethics, 12, 137-146. Véase también: https://www.effectivealtruism.org/articles/introduction-to-effective-altruism/. Algunas críticas pueden encontrarse en Acemoglu, D. (2015). The Logic of Effective Altruism. Boston Review; Herzog, L. (20169. Can ‘Effective Altruism’ Really Change the World? OpenDemocracy.net; Lichtenberg, J. (2015). Peter Singer’s Extremely Altruistic Heirs, New Republic; Srinivasan, A. (2015). Stop the Robot Apocalypse, London Review of Books, 37. Para una respuesta a estas críticas, véase Berkey, B. (2017). The Institutional Critique of Effective Altruism. Utilitas, 30(2), 143-171 y Gabriel, I. (2017). Effective Altruism and its Critics. Journal of Applied Philosophy, 34(4), 457-473.

[2] Este ejemplo fue popularizo por Peter Singer en un artículo de 1972 titulado Famine, Affluence, and Morality, Philosophy and Public Affairs, 1, 29-43. El artículo de Singer ha tenido una gran influencia en la aparición del altruismo eficaz, del cual el propio Singer es un importante abanderado.

[3] Una defensa clásica de esta posición puede encontrase en Scheffler, Samuel. (1994). The Rejection of Consequentialism. Oxford: Oxford University Press.

[4] https://www.againstmalaria.com/DollarsPerNet.aspx.

[5]https://static1.squarespace.com/static/5c64375df4e5314e7985012c/t/5de39c44b93cc92d39b30961/1575197771679/SurveyReport2015.pdf.

[6] Pummer, .T. (2016). Whether and Where to Give. Philosophy & Public Affairs, 44(1), 77-95.

[7] Este ejemplo ha sido bastante discutido dentro de la comunidad del altruismo efectivo, y las cifras son controvertidas (véase, por ejemplo, la discusión en: https://forum.effectivealtruism.org/posts/SMRHnGXirRNpvB8LJ/fact-checking-comparison-between-trachoma-surgeries-and). Aquí lo empleo con fines puramente ilustrativos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí