El ángel azul: Star-system

El Star-system nace con la técnica del primer plano que permitió difundir y popularizar a los principales actores y actrices de cada estudio cinematográfico como es el caso de Mary Pickford y Charles Chaplin. Poco a poco, los productores se dieron cuenta de que algunos intérpretes conseguían recaudar más dinero en taquilla que otros, a partir de ese momento, se realizaron películas apoyadas en los nombres de cada una de las estrellas de cada compañía.

Además, con el paso de los años, muchos actores comenzaron a ser relacionados con un rol muy específico (galán, ingenua, vamp etc) provocando que los propios estudios crearan un mito cinematográfico alrededor de esas figuras para que se desarrollara un gran movimiento de masas, y así, los productores se aseguraran un éxito en taquillas. Como explica Román Gubern:

El actor o actriz aparecen para el fan revestidos de todas las cualidades y virtudes de los personajes que han encarnado repetidamente en la pantalla: belleza, valor, inteligencia. Cuando el intérprete da este salto cualitativo que le convierte en un mito, nace una adoración colectiva por parte de sus fans, que confunden actor y arquetipo, y se crea un ritual mágico-erótico, una imitación de sus formas de vestir, de hablar, de moverse, de su “estilo” en suma “[1]

El ángel azul es un ejemplo del funcionamiento del Star-system a partir de Emil Jannings (1884-1950) y Marlene Dietrich (1901-1992).

Emil Jannings fue de los primeros intérpretes que formaron parte del Star-system. Primero, estuvo trabajando en películas mudas alemanas en las cuales se encuentran directores tan importantes como Erns Lubitsch y F.W. Murnau. Finalmente, en 1926 se traslada a Hollywood donde tres años más tarde logra ser el primer artista que gana el Óscar como mejor actor por su excelente papel en dos películas mudas: La última orden de Josef von Sternberg, y El desnudo de la carne de Víctor Fleming.

Sin embargo, con la llegada del cine sonoro su carrera comenzó a mimbar por su pésimo acento inglés, así que en 1929 decide regresar a Alemania. Ese mismo año, Jannings llama a Sternberg para que dirija su primera película sonora, El ángel azul, film que también se convertirá en la primera obra cinematográfica hablada del cine alemán.

En otoño de 1929, ya estaba todo preparado para rodar la película: el guión, los decorados en los estudios Neubabelsberg de la UFA, y gran parte del reparto donde Emil Jannings sería la estrella. No obstante, el director alemán aún no había encontrado la actriz adecuada para interpretar el papel de Lola Lola. Según Donald Spoto “Jannings y Pommer (productor) intercedían a favor de Lucie Mannheim o Trude Hesterberg para el papel, pero von Sternberg insistía que el público encontraría a la primera demasiado atractiva y a la última demasiado familiar”[2].

Finalmente, una noche viendo la obra teatral Dos corbatas encontró a la actriz perfecta para representar a la cabaretera, Marlene Dietrich. Según Spoto “al mirarla, vió en ella una personificación del erotismo natural y una fascinante indiferencia, una mujer totalmente capaz de arrastrar a un hombre a la ruina más absoluta, sin ser consciente de ello”[3]. Sin embargo, tanto el actor alemán como el productor se apresuraron a rechazarla porque, según ellos, no cumplía con los cánones de belleza adecuados para representar el papel[4]. Es muy interesante esta idea que recoge Donald Spoto en su libro Biografia Marlene Dietrich. El ángel azul, porque justamente su belleza y el carácter liberal de Dietrich al interpretar Lola Lola es lo que harán que supere en fama y popularidad al actor alemán.

Emil Jannings, a pesar de las buenas críticas, no consiguió que su carrera fluctuara después del film. Debido a su afinidad con la ideología nazi decidió quedarse en Alemania, y poco después de la llegada al poder de Adolf Hitler, logró llegar a la dirección del estudio cinematográfico Universum Film AG, pero después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) le acarreó problemas, ya que ninguna autoridad aliada le permitió volver a trabajar comportando su abandono del mundo del cine.

Marlene Dietrich, pocos meses después del estreno del film, es contratada por el estudio cinematográfico de la Paramount. Josef von Sternberg fue quién convirtió a la actriz en toda una estrella, y gracias a los papeles de vamp que interpretó se creó un mito erótico alrededor suyo.

Sin embargo, nunca más veremos a la Dietrich de El ángel azul, sino a una mujer más glamurosa y sofisticada que es por lo que se caracterizan las estrellas de Hollywood. Además, en su primera película con Paramount Pictures podemos comprobar un gran cambio físico.

Había adelgazado quince kilos, dejo de tener redondez y empezar a vislumbrarse su característica mandíbula, aunque jamás confirmó que se quitara las muelas del juicio. También se depiló las cejas a lo Garbo y se convirtió en una mujer inquietante, sofisticada, extraña e inalcanzable que irá construyendo las claves del mito”[5].

La actriz alemana no solo cautivó al público por la sensualidad y el exotismo que desprendía en los papeles que interpretaba, sino que se convirtió en un modelo a seguir tanto a nivel de estilo como por su forma de vivir. Marlene Dietrich en la película Marruecos (Marroco, Josef von Sternberg, 1930) apareció en una escena vestida con un frac negro, convirtiéndose en la primera mujer en vestirse públicamente con un traje considerado exclusivamente de hombres. Esto fue aclamado como un acto de libertad y de revolución femenina en los colectivos feministas y LGTBI, pero denunciado por los grupos más conservadores y religiosos “que se horrorizaban de los pantalones que osaba llevar Marlene Dietrich”[6].

Por otro lado, la intérprete se convirtió en un referente para este colectivo porque “reconoció su bisexualidad y la vivió sin silenciarla diferenciándose así de la mayoría en aquella época”[7]. También contribuyeron los rumores sobre su supuesta relación con la estrella de la Metro-Goldwyn-Mayer Greta Garbo, y sus representaciones “donde continuamente aparecen referencias irónicas respecto a la institución del matrimonio, y a la vez, interpretaciones con vestimentas que perturban las definiciones convencionales de heterosexualidad femenina”[8].

Marlene Dietrich, a pesar de haber nacido en Alemania, se enfrentó al nazismo apoyando a los soldados americanos, y promocionando los bonos de guerra. Su gran esfuerzo fue recompensado por el ejército estadounidense en 1947 condecorándola con la Medalla de la Libertad.

Actualmente, aunque la crítica no la considera una actriz talentosa, es apreciada por la American Film Institute como la novena mejor estrella femenina de todos los tiempos, porque como explica Sandra Barneda:

“Ella supo convencer al mundo de que se podía vivir desde la reivindicación permanente y el desafío a lo establecido. Ella logró su propio mito con esa mirada que era capaz de arrancarte el corazón; dejó que el mundo, tanto hombres como mujeres, la colocaran en el estandarte del erotismo femenino. Marlene Dietrich, la mujer, la imagen, el mito, el icono, fue y sigue siendo la imagen de la provocación, de dar rienda suelta a los deseos, a los impulsos más íntimos, a los secretos más allá de la convención”[9]


[1] Gubern, Román. Formación de un arte. En: Gubern, Román. Historia del cine. Barcelona: Anagrama, 2014, p. 113

[2] Spoto, Donals. Capítulo 5: 1929-1939. En: Spoto, Donald. Marlene Dietrich: El ángel azul. Barcelona: Ediciones B, cop, 1992, p. 78

[3] Spoto, Donald, op. cit., p. 78

[4] Spoto, Donald, op. cit., p. 78

[5] Barneda, Sandra. Capítulo 11. Marlene Dietrich. En: Barneda, Sandra. Hablarán de nosotras. España: Aguilar, 2016, p. 345

[6] Gubern, Román. El cine sonoro. En: Gubern, Román. Historia del cine. Barcelona: Anagrama, 2014, p. 236.

[7] Barneda, Sandra. Capítulo 11. Marlene Dietrich. En: Barneda, Sandra. Hablarán de nosotras. España: Aguilar, 2016, p. 329.

[8] Dyer, Richard. Las estrellas y las audiencias. En: Dyer, Richard. Las estrellas cinematográficas: Historia, ideología, estética. Barcelona: Paidós, cop. 2001, p. 237.

[9] Barneda, Sandra. Capítulo 11. Marlene Dietrich. En: Barneda, Sandra. Hablarán de nosotras. España: Aguilar, 2016, p. 328

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