El comercio de armas en Europa (III): Conclusión

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Uno de los fines más relevantes del sistema de integración que caracteriza la UE es la seguridad internacional. Sin embargo, la seguridad internacional se ve puesta en peligro por la evolución de los distintos tipos de conflictos armados que existen en la actualidad. La guerra contra el terror marcó el comienzo de la lucha contra los grupos terroristas y los sospechosos de formar parte de tales grupos, lo cual ha supuesto un incremento de los conflictos armados con terroristas y los conflictos armados no internacionales pero internacionalizados. Este tipo de conflictos no sólo no se ven enmarcados dentro de las definiciones convencionales de conflicto armado, sino que además se caracterizan por rechazar sistemáticamente la mayoría de las normas de derecho internacional humanitario que rigen los conflictos armados. Otra de las características de este tipo de conflictos, es que además del (los) grupo/s terrorista/s y el Estado en el que sucede el conflicto, estos conflictos suelen incorporar a otros actores estatales que forman parte en el conflicto apoyando o luchando contra uno de los dos actores principales. Es por esto que, aunque dentro del territorio de la UE no nos veamos afectados por conflictos armados de esta tipología, la UE participa de los mismos de manera indirecta.

Desafortunadamente, en el ámbito del armamento confluyen inevitablemente tanto los intereses económicos como los de seguridad. Y aunque el objetivo original del armamento es la protección de la población las estadísticas globales reflejan otra realidad, a saber, que se invierte exponencialmente muchísimo más en la carrera armamentística que en el mantenimiento de la paz y seguridad. En este aspecto, la UE es un buen ejemplo ya a la vez que se afirma como garante de la paz y la estabilidad ocupa el segundo puesto como mayor proveedor de armas a nivel mundial.

De este modo, y tal y como ya ha sido expuesto, en las últimas décadas se han creado una multitud de instrumentos jurídicos de naturaleza vinculante con el objetivo de regular el comercio de armas de forma responsable. La UE ha creado sus instrumentos propios y también ha mostrado su apoyo a los instrumentos internacionales. Por tanto, el problema no es la falta de instrumentos regulatorios, sino la falta de control del armamento desde el origen hasta su destino final. A pesar de la existencia de los instrumentos regulatorios, la realidad es que no todas las transferencias de armamento están documentadas o si quiera reguladas y es cada Estado quién impone su control particular. En la UE, dado que la seguridad de la población es el ámbito de la gobernanza sobre el cual la política interior de los Estados tiene mayor peso, los gobiernos son los únicos responsables de regular las decisiones sobre seguridad y armamento. Por tanto, la legitimidad introducida y la rendición de cuentas en lo que respecta a la relación que tienen los miembros de la UE con conflictos armados es prisionera de sus propios Estados miembros. Para poder reaccionar de forma común en las relaciones internacionales de la UE, se requiere el consenso de los 28 miembros y, tal y como se puede ver en el ejemplo del Yemen, el equilibrio entre la defensa de los intereses europeos y los nacionales no es fácil.

La realidad demuestra que siglos de preparación para la guerra no han conseguido la paz. Sino más bien al contrario, son los países que han acumulado mayores cotas de militarización quienes han promovido y protagonizado las principales guerras de todos los tiempos, y son los pueblos más militarizados los que persisten en optar por las soluciones militares y la guerra[1]. Es por esto por lo que las transferencias de armamento juegan un papel tan importante, ya que las armas son el instrumento esencial de las guerras. En un contexto internacional en el que las consecuencias de estos conflictos sobre la población son cada vez más graves, tal y como atestiguan las crecientes cifras de mortalidad vinculada a estos conflictos y el cada vez mayor número de personas que se desplazan de manera forzada fruto de esta violencia.

Este contexto se enfrenta por la UE desde la precariedad en la calidad normativa en el ámbito de la transferencia internacional de armas y, fundamentalmente, una falta clara de voluntad política en el cumplimiento de la norma internacional que no es otra que la Posición en Común Europea y el TCA. Una problemática que, además, ha facilitado las violaciones de los regímenes internacional de DIH y de los derechos humanos que provocan los conflictos armados.

La relación con el conflicto armado por parte de Europa es clara, ya que en la actualidad la unión sigue exportando armas y equipo militar a países en situación de conflicto armado y a regiones conflictivas como el Oriente Medio. Esta relación empieza cuando desde las instituciones y empresas se decide invertir en el negocio de la guerra. Hoy en día, debido a que las armas continúan llegando a algunos de los conflictos armados más terribles, la transferencia responsable es un imperativo humanitario.


[1] CALVO RUFANGES, J., et al. Mentes militarizadas: Cómo nos educan para asumir la guerra y la violencia. España, Icaria, 2016, p. 6.

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