El fenómeno de los outsiders: su impacto en la democracia

En los últimos años, las democracias occidentales han sido testigos de un fenómeno singular: el arribo al poder de candidatos outsiders. Así pues, los gobiernos han sido y son dirigidos por personas que no provienen del ámbito de la política y, en consecuencia, no tienen experiencia en la gestión pública. Militares, religiosos, empresarios, actores de televisión y personajes sin trayectoria política han tomado el poder. Especialmente, este fenómeno se puede asociar con los liderazgos populistas, pues casi todos los outsiders son populistas. Los ejemplos de presidentes o primeros ministros outsiders son diversos y atraviesan el arco de la derecha y la izquierda: Alberto Fujimori en Perú, Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos, Silvio Berlusconi y Matteo Salvini en Italia, Fernando Lugo en Paraguay, Jimmy Morales en Guatemala, Hugo Chávez en Venezuela y Rafael Correa en Ecuador dan cuenta de este fenómeno. Pero, ¿cómo se explica el ascenso y éxito de candidatos outsiders? Y, sobre todo, ¿cuáles son las consecuencias de la llegada de los outsiders para la política democrática? El presente artículo presenta un cuadro explicativo de este fenómeno.   

En primer lugar, es necesario comenzar por el concepto de outsider. La característica distintiva de los candidatos outsiders estriba en que no tienen una experiencia previa en política o en la Administración pública. Habitualmente, tampoco tienen experiencias electorales, pues en sus carreras no han competido en cargos de elección de representación popular. En realidad, los outsiders no pertenecen a los partidos políticos más importantes de cada sociedad. Como ha señalado Miguel Carreras (2013, p. 96), los «presidentes outsiders llegan al poder con muy pocos vínculos con la clase política y los partidos establecidos. No tienen un equipo de gobierno listo para asumir los diferentes cargos en el gabinete cuando resultan elegidos. En general, llegan al poder a través de partidos políticos que son pocos más que vehículos electorales para sus ambiciones personales». En este sentido, téngase en cuenta el caso de Trump ­—empresario multimillonario y ejemplo paradigmático de outsider—, quien utilizó el Partido Republicano como vía o trampolín para acceder a la presidencia, pero no era un miembro destacado de dicho partido ni contaba con tradición militante en él. Sin embargo, en otros casos, como por ejemplo Chávez en Venezuela o Correa en Ecuador, los outsiders buscaron el poder por medio de la creación de partidos políticos nuevos: Chávez creó el partido Movimiento Quinta República en 1997 y Correa creó el partido Movimiento Alianza País en 2006.

Para comprender el surgimiento y éxito de los candidatos outsiders, es ineludible identificar qué relación mantuvieron con los partidos políticos dominantes. En la mayoría de los casos, los outsiders han atacado fuertemente al sistema de partidos políticos tradicional, representándose ellos mismos como «agentes incontaminados por los vicios de los políticos y, por lo tanto, como personas capaces de reformar la casta o la partidocracia (Trump habla de la ciénaga de Washington) y fundar la nueva política» (Casullo, 2019, p. 136). En un contexto de fuerte desprestigio, fragmentación y debilidad de los partidos políticos tradicionales —con la crisis de representatividad que ello tiene—, los outsiders utilizaron una retórica agresiva contra ellos. En efecto, existe una relación cercana entre crisis de las fuerzas políticas y candidatos outsiders.

Los outsiders comparten un mismo estilo o forma de posicionarse públicamente: representan la «antipolítica» (García Montero, 2001), es decir, persiguen el poder por medio de un discurso de línea dura frente a la clase política. La crisis de las fuerzas políticas «llevó a que los liderazgos ya no se construyan vía partidos políticos, sino que aparezcan otros instrumentos, como los medios de comunicación y las redes sociales. Por lo tanto, en una ciudadanía hiperconectada como la actual, no hay mediación entre el liderazgo y la sociedad» (Ollier, 2018). A esto debe añadírsele la irrupción del populismo, fenómeno político reticente a la mediación propia de las instituciones de la representación política y que aboga por un vínculo cercano y directo entre el líder y el pueblo. Además, los líderes outsiders populistas descreen enérgicamente de las cortes y tribunales constitucionales, autoridades de regulación y consejos judiciales, pues consideran que estos organismos no ostentan ninguna credencial democrática (Rosanvallon, 2020). Por ejemplo,  Fujimori desmanteló al Poder Judicial peruano, destituyendo a los miembros del Tribunal de Garantías Constitucionales y de la Corte Suprema. La elección directa y el referéndum son los medios predominantes en el modo de hacer política de los outsiders, como lo ejemplifican los casos de Correa en Ecuador o Chávez en Venezuela, impulsores de sendos referéndums en diversas materias constitucionales.

El elemento de crisis —sea política, económica, institucional— resulta una variable explicativa fundamental para dilucidar el nacimiento de los candidatos outsiders y, al mismo tiempo, funciona como una especie de «caldo de cultivo» para estos liderazgos. Generalmente, la elección de outsiders tiende a darse en momentos de grave crisis social. Por ejemplo, esto fue lo que ocurrió con Fujimori en Perú, Chávez en Venezuela y Correa en Ecuador. Fujimori arribó a la presidencia en medio de una crisis económica severa marcada por la hiperinflación y un gran volumen de deuda externa. En el plano sociopolítico, Perú estaba atravesado por la actuación del grupo terrorista Sendero Luminoso —quien asesinó a más de 30 000 personas— y por aquellos tiempos la democracia peruana no lograba contener la violencia. Por su parte, la llegada de Chávez y de Correa al poder también estuvo marcada por un contexto de crisis. En especial, en ambos países entre 1990 y 2000 el PIB per cápita cayó de manera significativa: 17 % en Venezuela y 8 % en Ecuador (Carreras, 2013, p. 101). En este sentido, los candidatos outsiders se presentaron como solucionadores de las crisis sociales que la clase política tradicional no lograba resolver. Dicho con otras palabras: se mostraron con credenciales rupturistas y renovadoras respecto de las fallas del orden político-económico establecido. 

Varias son las consecuencias que generan los outsiders para la política democrática. En primer lugar está la cuestión del lenguaje. Es conocida la importancia decisiva que tiene el lenguaje en política, pues esta se compone esencialmente de palabras (escritas u orales) y los gobernantes transmiten mensajes a los ciudadanos y a los actores políticos de manera permanente. En particular, en política se pone en juego la forma del lenguaje, pues no todo da lo mismo y no todo puede decirse de cualquier manera y en cualquier circunstancia. Los outsiders utilizan frecuentemente un lenguaje mordaz, punzante, incisivo, políticamente incorrecto y, sobre todo, deslegitimador del otro. Giacomo Marramao, analizando los discursos de extrema derecha surgidos en buena parte de Europa, Brasil (con Bolsonaro) y Estados Unidos (con la era Trump), ejemplos de outsiders, ha señalado que estas formas políticas se basan en la «agresiva deslegitimación del otro» y en un «rechazo general de la política» (lo que anteriormente se calificó como antipolítica). En sus palabras, «partidos, movimientos y agentes en disputa por el poder no parece que orienten ya sus acciones a la legitimación de sus propias ideas y programas, sino más bien a la deslegitimación del adversario» (Marramao, 2020, p. 27). En algunos outsiders —no en todos, como por ejemplo Rafael Correa— concurre una retórica deslegitimadora de los otros que se convierte en un modo central de hacer política: piénsese en las bravuconadas de Trump contra los inmigrantes, quien en una ocasión dijo que había que disparar en las piernas de los inmigrantes para que no entren a Estados Unidos (BBC, 2019), los ataques discursivos sistemáticos de Bolsonaro hacia la comunidad LGTBI o, también, los insultos frente a la prensa: recientemente dijo frente a una periodista del medio O Glovo que «es una prensa de mierda. Ustedes son una prensa basura» (FRANCE24, 2021).

Por otro lado, otra consecuencia del arribo al poder de outsiders radica en la forma de gobernar. Como los outsiders son políticos amateurs que no tienen experiencia política y no tienen vínculos sólidos con los partidos políticos, adolecen, en palabras de Carreras (2013, p. 99), de «socialización política»: les cuesta aceptar las reglas de la política democrática y, sobre todo, son reticentes a negociar y a construir consensos con otras fuerzas políticas. Los políticos tradicionales conocen la necesidad de concesiones, acuerdos y consensos. En cambio, los outsiders no, por lo que practican un estilo de gobierno directo y unilateral —y, por lo tanto, polarizado—, que rechaza la negociación con otros actores políticos. El politólogo Steven Levitsky ha subrayado que los outsiders «no saben lidiar con el Congreso, con el poder judicial, con la prensa. Muchas veces no tienen la paciencia o la tolerancia para hacer el trabajo necesario para que funcione la democracia» (BBC, 2021). En este sentido, no resulta exagerado afirmar que los liderazgos outsiders simplifican o reducen la democracia, pues les cuesta lidiar con los organismos representativos, las instancias de control y las instituciones globales (blanco predilecto de algunos outsiders, como Trump, Salvini o Bolsonaro). En definitiva, tienen problemas para relacionarse armónicamente con las instituciones de las democracias constitucionales.

Además, fruto de la carencia de experiencia política, los candidatos outsiders optan por armar los gabinetes y equipos de gobierno con personas sin trayectorias políticas destacadas, es decir, gente que no proviene de la política (como ellos mismos). En general, prefieren tecnócratas, economistas, independientes y allegados del círculo del poder, pero sin experiencia política previa. Por ejemplo, los ministerios más importantes del gabinete de Bolsonaro están compuestos por militares, empresarios, economistas y referentes religiosos. Por ejemplo, el Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos de Brasil está a cargo de una pastora evangelista, Damares Alves. De manera similar, en los años 90, el gabinete armado por Fujimori en Perú estuvo integrado en su mayoría por tecnócratas que provenían del sector privado. Finalmente, el gabinete del Gobierno de Trump estuvo compuesto por muchos ex CEO o propietarios de grandes empresas.

Autores como Juan Linz (1994) han señalado que el carácter personalizado de las elecciones presidenciales abre el camino para que los outsiders se hagan con el poder. En los regímenes de tipo presidencialista —sobre todo los latinoamericanos— parecería que la «personalización del poder» es inherente, de modo que en las elecciones a presidente resultan determinantes las cualidades de los candidatos. Si bien ya se expuso que los outsiders no cuentan con suficiente capital político —experiencia, trayectoria, vínculos—, conviene tener en cuenta que sí cuentan con otros tipos de capital: simbólico, económico, mediático o militar. De ahí el éxito de los outsiders, dado que estos atributos pueden influir de manera decisiva al momento de las elecciones. Por ejemplo, Trump se presentó a sí mismo como modelo de «empresario exitoso» (Casullo, 2019, pp. 135-136). En grandes partes de la sociedad estadounidense el éxito económico es valorado significativamente. Asimismo, se supuso que este empresario sabía cómo administrar y gestionar los recursos: se creyó que era eficiente, ya que mediante una buena gestión de sus bienes creó su gran fortuna. Las cualidades personales de Trump eran, entre otras, la de «gran negociador» (deal maker) que sabía «cómo hacer que las cosas se hagan» (how to get things done): desde firmar acuerdos económicos beneficiosos para Estados Unidos hasta construir la muralla en la frontera con México, con el objetivo de hacer que «América vuelva a ser grande otra vez» (make America great again). En el arco de la izquierda, en outsiders como Chávez las cualidades personales fueron cruciales: su carisma, su discurso y su capacidad de interpelación directa sobre el pueblo venezolano le valió el acceso a la presidencia en 1999 y largos años como presidente, hasta 2013.

En conclusión, la entrada de outsiders en las democracias occidentales ha traído consigo importantes consecuencias que han impactado en el modo mismo de hacer política y, por ende, en el juego de las reglas institucionales. Cuestiones como el lenguaje y la comunicación con los ciudadanos, el estilo y la forma de gobierno, el armado de los gabinetes y las cualidades personales de los líderes son reactualizadas bajo los liderazgos outsiders según las características señaladas.

Referencias bibliográficas

Roura, M. A. (8 de abril de 2021). Entrevista a Steven Levitzky. BBC. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-56657379.

BBC. (2 de octubre de 2019). Trump y sus controvertidas propuestas. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-49906266.

CARRERAS, M. (2013). Presidentes outsiders y ministros neófitos: un análisis a través del ejemplo de Fujimori. América Latina Hoy, 64, 95-118.

CASULLO, M. E. (2019). ¿Por qué funciona el populismo? El discurso que sabe construir explicaciones convincentes de un mundo en crisis. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

FRANCE24. (22 de junio de 2021). Bolsonaro se enfurece con una periodista y dispara: «prensa de mierda.” https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20210621-bolsonaro-se-enfurece-con-una-periodista-y-dispara-prensa-de-mierda.

GARCÍA MONTERO, M. (2001). La década de Fujimori: ascenso, mantenimiento y caída de un líder antipolítico. América Latina Hoy, 28, 49-86.

SIMONDET Fuego, J. (2018). Outsiders y antisistema. La era de los líderes extremos. La Nación. https://www.lanacion.com.ar/opinion/nota-de-tapaoutsiders-y-antisistema-la-era-de-los-lideres-extremosdfsa-dfsad-nid2183050/.

LINZ, J. y VALENZUELA, A. (1994). The Failure of Presidential Democracy. Baltimore: John Hopkins University Press.

ROSANVALLON, P. (2020). El siglo del populismo. Historia, teoría, crítica. Buenos Aires: Ediciones Manantial.

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