Las bluestocking

Los prejuicios suponen siempre un muro a veces infranqueable que pone en duda y en tela de juicio proyectos, carreras e iniciativas. Y en muchos casos, solo hay que profundizar un poco para echar por tierra todas esas opiniones preconcebidas mayoritariamente negativas. Pero luchar contra esos prejuicios es también en muchas ocasiones un gran estímulo.

Esto fue lo que sucedió con un grupo de mujeres británicas y su movimiento cultural, una especie de avanzadilla del feminismo, aunque en aquellos días ni el término ni la idea existiesen. Pretendieron invadir los tradicionales espacios masculinos en campos como el arte y la literatura dejando a un lado las habituales labores femeninas del momento, lanzándose al mecenazgo cultural y al debate intelectual en pleno siglo xviii, reaccionando contra la forma cultural en vigor.

Este grupo de influyentes damas con inquietudes intelectuales fueron denominadas despectivamente como las bluestocking, debido a unas burdas medias azules, como luego veremos, y su significado tenía un sentido totalmente peyorativo, intelectualoide o marisabidilla.

Consideradas transgresoras intelectuales reflejaban el progreso de un país civilizado, industrial y comercial. Este prototipo de mujer ilustrada se hizo hueco como icono en una Inglaterra tradicional y conservadora, potencia militar y colonialista. Pero que experimentaba cambios en su vida social provocados entre otras cosas por la llegada de productos orientales como el té, el que dio pie a tertulias domésticas alrededor de su aroma.

Unas burdas medias azules bastaron para bautizar de forma peyorativa al movimiento intelectual cuya fuerza motriz era el intelecto femenino.

Las bluestocking inventaron un nuevo modo de vida social organizando lo que llamarían «fiestas de conversación» a las que invitaban a escritores, artistas y pensadores del momento. Uno de ellos era el botánico Benjamin Stillingfleet que solía acudir ataviado con unas toscas medias de estambre azul cuando la moda era la seda, producto oriental que había llegado junto al té y la porcelana a la sociedad británica. Este simple gesto abrigó la idea, el mensaje, de que lo verdaderamente importante era el pensamiento y no la moda, algo muy superficial. Gesto que por otro lado rápidamente fue enarbolado por los detractores del movimiento para definirlo de forma peyorativa.

Conocemos a este grupo de mujeres gracias a una de sus integrantes, Fanny Burney que las describía en sus Diarios. Estaba compuesto por mujeres de clase acomodada que empezaron a reunirse en Londres en 1750 en la casa de Elizabeth Montagu, en el número 22 de Portman Square para hablar de literatura. Apoyada en sus inicios por su amiga Lady Margaret Cavendish Harley. Ambas amigas tenían un punto en común, habían crecido entre hermanos y habían sufrido sus diferencias respecto a ellos, cuestión que, a pesar de ser normal en la época, a ellas les supuso un acicate.

Entre los asistentes a estos encuentros encontraremos al actor y dramaturgo David Garrick considerado una de las principales figuras del teatro inglés del siglo xviii; o al fundador de la Royal Academy of Art, en 1768, sir Joshua Reynolds, así como a su hermana Frances y a Mary Moser dos de sus primeras académicas. Destacada miembro del grupo fue también la poetisa inglesa, clasicista, escritora y traductora, Elizabeth Carter, gran estudiosa de las lenguas modernas y clásicas, autora de una traducción del filósofo estoico Epicteto.

La propia Montagu, anfitriona de estos encuentros, editó en 1769 un libro sobre Shakespeare, comparándole con los autores dramáticos franceses y griegos. Ejerció también como mecenas apoyando financieramente a escritoras sin recursos como Ann Yearsley.

Ya hemos visto que a este tipo de reuniones estaban invitados hombres, aunque a veces su comportamiento tenía cierto aire de superioridad con sus colegas femeninas, mirándolas por encima del hombro o cayendo directamente en la mofa y el descrédito.

A pesar de la igualdad de conocimientos y de la generosidad de las femeninas, nunca fueron tratadas de igual a igual por sus invitados varones.

«Existe un prejuicio general contra las autoras femeninas, sobre todo si invaden aquellas regiones de la literatura que los hombres desean reservar para sí mismos», escribía Montagu a su padre, un caballero acomodado.

Y sí, las invadieron, o por lo menos lo intentaron, escribiendo poesía, filosofía y novelas, todo un reto en aquella sociedad que no tenía un espacio reservado para que la mujer pudiera tener y desarrollar inquietudes intelectuales. Esto supuso críticas y desprecio por parte de una elite cultural masculina a la que ellas hicieron frente con su ingenio e iniciativa.

Pero en 1776, momento en que los Estados Unidos declaraban su independencia alzándose contra la monarquía británica, y seguido al poco tiempo de la Revolución francesa, enrareció la atmósfera en   Inglaterra dando inicio a nuevos vientos reaccionarios contra las ideas progresistas en general, provocadas por aquellas revoluciones, entre ellas contra aquella nueva percepción y posicionamiento del papel de la mujer en la sociedad.

Otra bluestocking, una de las más conocidas por sus postulados radicales y fuera de época, fue Mary Wollstonecraft autora del libro Vindicación de los derechos de la mujer, en el que reivindicaba cambios radicales en la educación femenina, y que fue una gran admiradora de la Revolución francesa. Pareja sentimental de William Godwin, escritor británico y político precursor del pensamiento anarquista, con el que tuvo una hija, Mary, autora de la novela Frankestein (1818). Junto a Catherine Macaulay representaban la corriente avanzada en cuanto a ideas como el sexo, la libertad de las mujeres o la justicia social, temas tabúes en aquella sociedad y que resultaba escandaloso en boca de mujeres. Por no hablar de sus ideas políticas contra la monarquía.

Las bluestocking abordaron temas como el sexo, la libertad de las mujeres y la justicia social entre otros, hasta el momento todos temas tabúes en boca de las mujeres.

Como contrapunto tenemos a Hannah More que era conocida como «obispo con enaguas». Su activismo «feminista» no vendría por la vía de una vida sexual aventurada, como podría ser el caso de Wollstonecraft, sino que estaba enfocada a la filantropía y a la reforma moral. Su idea sobre educación femenina pasaba por las alabanzas a la domesticidad y a la creencia de que la subordinación femenina procedía de un mandato divino y opinaba que las mujeres eran poderosas gracias a su influencia sobre la familia y en la sociedad en general.

El movimiento bluestocking fue perdiendo fuerza con el paso de los años yrenació al final del siglo, con las primeras universitarias y la fundación de colegios de alto nivel académico para hijas de la clase media. El término despectivo tuvo que esperar a mediados del siglo xx, con otros grandes cambios sociales, para que perdiera ese tinte despectivo con el que nació. Pero la lucha mereció la pena.

Hoy en día se ha puesto de nuevo de moda gracias a la catedrática británica de la Universidad de Cambridge, Mary Beard, que en una entrevista televisiva en una cadena española comentaba el simbolismo y lo que significó el movimiento:

Hay una antigua expresión inglesa referida a las mujeres académicas, a las eruditas, se les llamaba bluestocking («las de las medias azules») y no era ningún cumplido. Venía a decir que esas mujeres no eran para nada sexis. Cuando fui por primera vez a una entrevista de trabajo, pensé: estos hombres (porque la mayoría eran hombres) seguro que dirán cosas sobre mí, dirán: «Es una auténtica marisabidilla». Y me dije a mí misma: «Les voy a dejar claro que ya sé lo que están pensando, así que me compré unas medias azules, como para decirles: A ver quién se atreve ahora a ir diciendo por ahí que soy una listilla». Y si alguno se atreve, que sepa que lo sé, y que me da igual


Puedes leer más textos de Antonio Taboada en su blog Historia sin pretensiones

-Fuente imagen: Wikipedia


Referencias

-ALPERT, M. (2008). Las Bluestocking, mujeres brillantes. La Aventura de la Historia, 115.

-ROBINSON, J. (2010). Bluestockings: The Remarkable Story of the First Women to Fight for an Education. Penguin Adult.

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