Libertad y determinismo (I): Introducción

insung yoon @insungyoon

Lo siento, no he podido evitarlo. Esta frase, de ser cierta, constituye en el habla cotidiana una buena excusa: estamos inclinados a pensar que aquello que cae fuera de nuestro control también cae fuera de nuestra responsabilidad. Consideramos que castigar a alguien por aquello que no ha podido evitar es tanto como castigarle por el mal tiempo, un sinsentido. Entendemos, al menos coloquialmente, que toda responsabilidad requiere la existencia de varias opciones de entre las que se escogió una en particular, aquella por la que nos quejamos. Sin esas opciones, sin posibilidad de evitarlo, entonces no hay libertad ni tampoco culpa.

Es fácil comprender por qué desde antiguo los diversos determinismos suponen una amenaza para la libertad y la responsabilidad, al menos tal y como se conciben habitualmente estos conceptos. Si todo está fijado de antemano, el pistolero que dispara y el tiesto que se cae merecen la misma culpa: ninguna.

Modernamente este problema clásico ha sido enunciado por Van Inwagen (1983) en lo que se conoce como “the Consequence Argument”. Dice así:

1) Si el determinismo (físico) es cierto todo se ve causalmente necesitado por el estado anterior del universo y las leyes de la naturaleza.

2) Si las acciones humanas se ven exigidas por los sucesos pasados y las leyes de la naturaleza significa que no podemos actuar de forma distinta a como lo hacemos (a menos que pudiésemos cambiar el pasado o las leyes de la naturaleza).

3) No podemos cambiar el pasado ni las leyes de la naturaleza.

4) Si no podemos actuar de forma distinta a como de hecho actuamos, entonces no tenemos libre albedrío.

C) Por lo tanto, si el determinismo es cierto, no tenemos libre albedrío ni responsabilidad, culpa o mérito de ningún tipo.

A este problema clásico le han salido al paso muchas posibles soluciones. En esta serie de artículos introduciremos varias de las soluciones que han sido propuestas y sus dificultades, con la intención de sugerir una postura escéptica sobre el libre albedrío, a saber: que ni existe ni es posible. Se procurará mostrar que no hay buenos motivos para creer que existan o puedan existir actos libres, que con independencia de cómo sea el mundo -determinado o indeterminado- escoger libremente es imposible.

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