Nacionalpopulismo: Por qué está triunfando y de qué manera es un reto para la democracia (Ediciones

Charles Deluvio @charlesdeluvio

“Pero si tu eres un currante, tío!”; “Como obrero que eres, ¿no tienes conciencia de clase?”; “¡Con el trabajo basura que hay!”; “¡Me dejas loco!”; “¡Pero están quitando las ayudas contra la violencia de género en Andalucía!”; “¡Que torturen a los animales!”.

El incrédulo periodista terminó la improvisada entrevista callejera con un desconcertado resumen de lo que había vivido. “Ahí lo tenemos: un obrero votando a Vox”.

Parece que en los últimos años se ha vivido un terremoto en la política europea, con importantes réplicas en otros lugares del mundo como Estados Unidos, Brasil o incluso Filipinas. Este terremoto ya había hecho acto de presencia hace tiempo en lugares como Hungría o Turquía. Se trata de la emergencia de los partidos o candidatos de “extrema derecha” o “ultraderecha”, a lo que habría que sumar sucesos como el Brexit. Sobre ello, se han escrito ríos de tinta. El porqué de su éxito, sus características, sus vertientes, sus similitudes con los partidos fascistas del periodo de entreguerras, sobre cómo combatirlos… A tenor de la sorpresa del reportero (presumiblemente alguien de izquierdas), gran parte de las sociedades occidentales no alcanzan todavía a entender muy bien qué está pasando.

Explicarlo es el objetivo del libro de Roger Eatwell y Matthew Goodwin «Nacionalpopulismo: Por qué está triunfando y de qué manera es un reto para la democracia” (Ediciones Península, 2019). Estos profesores británicos de ciencia política (con quienes también tuvimos el placer de charlar sobre el mismo) pretenden entender la naturaleza de este fenómeno más allá de los mitos y tópicos habituales en el debate público.

Para empezar, consideran que la manera más precisa de referirse a ello es “nacionalpopulismo” (si bien aquí cabría distinguir entre este populismo y el de izquierdas al estilo de Podemos o Bernie Sanders). Los términos “extrema derecha” o “ultraderecha” no aportan información sobre el corpus ideológico de estos partidos, además de que tampoco es del todo preciso afirmar que sean de “derechas” en todas las características del sentido tradicional de este concepto. Además, el término “fascista” o “postfascista” tampoco les haría justicia, pues por mucho que se pueda criticar lo que abogan estos partidos, no serían en absoluto asimilables al sentido histórico del fascismo.

Eatwell y Goodwin rechazan algunos de los mitos más manidos sobre estos movimientos. Por ejemplo, sí, es cierto que la mayor parte de los blancos sin estudios universitarios votaron por Trump en 2016, pero el conjunto de su apoyo es muy similar al del tradicional electorado republicano de las últimas décadas. También es cierto que las personas que son racistas sin tapujos suelen votar por este tipo de candidatos. Sin embargo, en el libro se argumenta que muchas personas que no son claramente racistas (o por lo menos no considerablemente más que el ciudadano medio), pero que quizás están legítimamente preocupadas por cómo los cambios sociodemográficos afectarán el debilitado estado del bienestar o su modo de vida, pueden acabar votando por este tipo de candidatos.

Los autores detectan cuatro causas o cuatro “des”: desconfianza de los políticos y las instituciones, destrucción de (o miedo de) la identidad nacional histórica del grupo y su estilo de vida, privación (en inglés «deprivation») como resultado de las crecientes desigualdades en Occidente y de la falta de fe en un futuro mejor, y desalineación entre votantes y partidos, caracterizada por una alta volatilidad e inestabilidad en los resultados electorales. Todas estas causas tienen razones profundas y de largo alcance, con orígenes trazables décadas atrás. Más importante si cabe, tras estas causas se encuentran preocupaciones perfectamente legítimas de una parte significativa de la ciudadanía. Desatenderlas, despreciarlas o simplemente no saber darles respuesta ha sido el mejor caldo de cultivo para allanar el terreno al nacionalpopulismo.

El análisis de Eatwell y Goodwin destaca que los partidos y candidatos nacionalpopulistas han llegado para quedarse. En contra de lo que algunas voces argumentan, ni el relevo generacional (por una cohorte joven supuestamente más tolerante y abierta de miras), ni la mejora de la economía ni ningún otro factor harán desaparecer estos movimientos. De hecho, aunque a menudo se presenta el argumento económico como contrapuesto al cultural para comprender este fenómeno, en esta obra se argumenta que existe una conexión entre ambos que puede explicar esta realidad.

Además, el impacto del nacionalpopulismo no consistiría únicamente en los éxitos electorales de sus partidos y candidatos, sino también en cómo reconfiguran el debate político tradicional, introduciendo nuevos temas en la agenda (el mejor ejemplo sería el Brexit), y, sobre todo, influyendo en las posiciones de los partidos de la derecha convencional. Los autores sugieren el nombre de “pospopulismo” para referirse a esta nueva realidad.

La obra de Eatwell y Goodwin fue publicada en 2018, al calor del Brexit, de la victoria de Trump y de la presencia de Marine Le Pen en la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Por consiguiente, no se comentan en el libro otros fenómenos más recientes como el auge de Vox en España o la evolución de Matteo Salvini y La Lega en Italia. Aún así, el análisis del libro sigue perfectamente vigente a día de hoy.

Hay aspectos importantes del fenómeno nacionalpoulista que aquí no se comentan, principalmente todo lo relacionado con la “oferta”, esto es, el estilo y personalidad de sus líderes, su comunicación política, su uso de las redes sociales, su presencia en los medios de comunicación de masas, etc. Quien esté interesado en todo ello deberá encontrarlo en otras obras.

En cualquier caso, este libro es altisimamente recomendable para quien quiera entender este fenómeno más allá de los tópicos o de la crítica visceral sin más a este fenómeno político. Está cargado de datos, de análisis profundo y riguroso y de una aproximación imparcial y sin apriorismos. El nacionalpopulismo no desparecerá de la política en los próximos años, y no se va a ir por mucho que se repita que quienes lo apoyan son una caterva de paletos ignorantes, racistas y misóginos, por mucho que esto sorprenda a nuestro intrépido reportero del vídeo que abría esta reseña.

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