¿Por qué Alemania fue dividida?

Los aliados estaban de acuerdo con el desmembramiento de Alemania (Bernecker, 2004, p.12). De hecho, en 1944, los EE. UU. y el Reino Unido estudiaron posibles maneras de dividirla, trazando el Plan Welles y el Plan Morgenthau (Honecker & Corvalán, 2000, p. 75). Ya habían discutido el futuro de Alemania en Teherán en 1943 y en Yalta en 1945, pero las decisiones finales se tomaron en Potsdam, en el verano de 1945 (Hobsbawm, 2011, p. 50). Sin embargo, no se acordó cómo tratar con el país en un futuro ni cómo estructurar una política europea común, lo que provocó que, más adelante, el proyecto de desarticulación de Alemania acabara dividiéndola formalmente en dos estados (Bernecker, 2004, p. 12). En un principio, la URSS, EE. UU. y el Reino Unido acordaron que Alemania sería una «unidad económica» durante el desmembramiento (Hillgruber, 1995, p. 221). No se crearía un gobierno central alemán, pero sí algunos cargos de administración centralizada. Sin embargo, en la práctica, no se mantuvo la unidad, ya que había conflictos de intereses entre los aliados. Francia, que no participó en la Conferencia de Potsdam, se añadió a las decisiones que se tomaron, pero excluyó expresamente los párrafos que recalcaban la unidad de Alemania. En 1945, los Aliados organizaron sus zonas de ocupación en Alemania. Los Estados Unidos ocuparon el sur; el Reino Unido el oeste y el norte; Francia el suroeste y la URSS el centro. Polonia se quedó con la parte este, excepto Kaliningrado, que fue anexada por los soviéticos. Berlín se dividió en cuatro sectores y quedó bajo el control de la Allied Kommandatura. En julio de 1946, los Estados Unidos propusieron un plan para unificar económicamente las cuatro zonas, pero la URSS y Francia no aceptaron. Así pues, en noviembre de 1946, EE. UU. y el Reino Unido fusionaron sus zonas de ocupación, creando la bizona, que se convirtió la trizona cuando Francia añadió su territorio en 1948 (Pich, 2010, pp. 116-118). Las relaciones entre los cuatro Aliados fueron empeorando debido a sus ideologías e intereses opuestos hasta que, en 1948, el Consejo de Control Interaliado y la Kommandatura dejaron de existir (Bernecker, 2004, pp. 11-12). Los Aliados occidentales crearon una nueva moneda exclusiva de las zonas occidentales, lo que molestó profundamente a Stalin, que inició el bloqueo de Berlín (Pich, 2010, pp. 116-118). En 1949 se fundaron la RFA y la RDA, dejando caer el llamado «telón de acero» entre la URSS y las potencias occidentales (Bernecker, 2004, p. 12); la Guerra Fría había comenzado. ¿Por qué Alemania fue dividida?

En primer lugar, Alemania era una pieza clave del balance of power que las potencias querían mantener, especialmente los británicos, ya que consideraban que el equilibrio de poderes garantizaba la supervivencia de todos (Nebreda, 2020). Como decía Churchill (1959), «Alemania es el centro y la piedra angular de Europa» (p.  954). Desde el siglo xix, la unificación de Alemania había causado tensiones en el equilibrio de poder europeo, ya que hasta entonces aquel territorio había sido considerado una especie de «zona de amortiguamiento» en el centro del continente (Bernecker, 2004, pp. 15-16). La condición de gran potencia que había conseguido Bismarck había determinado los ochenta años siguientes de política exterior alemana (Hillgruber, 1995, pp. 242-243). Además, en 1945, los aliados tenían intereses y objetivos diferentes, lo que hizo que quisieran dividir Alemania para controlar al menos una parte de un territorio que consideraban crucial. La URSS quería obtener reparaciones para reconstruirse, ya que el conflicto había reducido enormemente su población y había destruido gran parte de su infraestructura y capacidad industrial; en consecuencia, Stalin estaba dispuesto a aceptar las propuestas de los otros aliados mientras se alinearan con este objetivo (Pich, 2010, p. 115). Sin embargo, tras las pérdidas que le había ocasionado la cruenta guerra, Stalin se negaba a renunciar a los territorios anexionados por el pacto Ribbentrop-Molotov, y pretendía expandirse aún más, teniendo en mente las pérdidas territoriales de finales de la Primera Guerra Mundial (Bernecker, 2004, pp. 11-12). El dictador pretendía garantizar la seguridad de la URSS modificando fronteras y creando esferas de influencia a su alrededor a través de gobiernos afines, lo que la socióloga polaca J. Staniszkis llama la «cláusula imperial» (Patula, 2020). Hay que tener en cuenta que su ideología seguía siendo firmemente anticapitalista, pero puso por delante la seguridad y la reconstrucción del estado, al menos en ese momento (Nebreda, 2020). Los Estados Unidos y el Reino Unido, con Francia de rebote, pretendían asegurar sus intereses e influencia en Europa, estableciendo un modelo capitalista (Honecker & Corvalán, 2000, p. 75). Más adelante explicaremos los intereses económicos más concretos que provocaron su implicación en el territorio alemán que ocuparon. Ambos bandos introdujeron a sus cálculos geopolíticos el potencial alemán restante, y Alemania fue dividida, en parte, por el interés de los aliados de mantener, cada uno por su parte, el equilibrio de poderes y el sistema propio, tanto a nivel europeo como a nivel interno (Hillgruber, 1995, pp. 242-243).

Los intereses económicos influyeron enormemente en la división de Alemania, ya que los aliados querían repartirse los recursos. De hecho, «en Potsdam acordaron que las potencias ocupantes obtendrían las reparaciones que pudieran de sus respectivas zonas» (Pich, 2010, p. 118), y los aliados tuvieron en cuenta el control de las zonas industriales en repartirse el territorio (Churchill, 1959, p. 898). Como hemos explicado, la URSS necesitaba reconstruirse, y los recursos alemanes jugaban un papel importante. Stalin pretendía confiscar la producción de su zona de ocupación y de los capitales en territorios «occidentales» bajo su dominio. Los Estados Unidos se debatieron entre la transformación de Alemania en un estado agrario que evitara el revanchismo alemán y la rehabilitación de Alemania para consolidar la democracia y sus intereses económicos en Europa (Pich, 2010, pp. 116-118). Si el país no se recuperaba económicamente, Francia se vería afectada; por ejemplo, Francia necesitaba el carbón alemán para hacer funcionar las nuevas fábricas de acero de Lorena. Además, los británicos no se podrían recuperar mientras tuvieran que perder grandes cantidades de dinero para alimentar a la población de su zona alemana (Judt, 2006, p. 98). Finalmente, concluyeron que una Alemania arruinada provocaría el revanchismo de la población y dificultaría la recuperación económica tanto europea como propia; Alemania «occidental» se desarrollaría económicamente, pero quedaría desmilitarizada y aislada internacionalmente (Pich, 2010, pp. 116-118). Como los Estados Unidos querían construir una Alemania económicamente fuerte, cosa que no era compatible con los intereses soviéticos, se repartieron el capital y el territorio alemán con los soviéticos (MacMahon et al., 2001, p. 23). Se cedió a la URSS el 15 % de los equipos industriales confiscados para reparar las zonas occidentales a cambio del envío de alimentos por parte de esta, así como el 10 % del equipo industrial de las zonas occidentales. Estos acuerdos suponían una división, ya que trataban los recursos económicos del este y el oeste de forma separada desde un principio (Judt, 2006, p. 122).

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el miedo que tenían los aliados a que se repitiera lo que había sucedido después de la Primera Guerra Mundial; es decir, un resurgimiento alemán, por lo que querían evitar la unidad política del país (Judt, 2006, p. 98). Stalin temía una Alemania unificada, aunque estuviera desmilitarizada, y en parte por eso estableció una barrera de seguridad en el este de Europa. El dictador consideraba que «una Alemania fuerte siempre sería un grave peligro para Rusia» (Nebreda, 2020). Los aliados occidentales, como hemos comentado, temían al revanchismo alemán y al resurgimiento del nazismo, y se esforzaron por recuperar Alemania económicamente de forma «controlada» para evitarlo. Creían que había que dar a los alemanes la perspectiva de un futuro mejor para evitar lo que se había producido tras la Primera Guerra Mundial: una nación resentida y humillada, que fácilmente se podía radicalizar (Judt, 2006, p. 105). Así pues, los aliados occidentales reconstruyeron las instituciones cívicas y políticas, además de ceder a los alemanes parte de responsabilidad sobre los asuntos domésticos del territorio. El miedo del resurgimiento alemán era una realidad para todos los aliados y, por ello, evitaron que Alemania se convirtiera en una unidad política repartiéndosela. Cabe destacar que el modo de afrontarlo de los aliados occidentales y de los soviéticos fue diferente, ya que los últimos no se esforzaron directamente en reconstruir la economía y la sociedad alemanas porque no les interesaba (Judt, 2006, p. 122).

Finalmente, el miedo que tenían los aliados occidentales a los soviéticos y viceversa marcó profundamente la división de Alemania e influyó directamente en la creación de un estado occidental alemán en 1948. De hecho, ya había habido fricciones entre potencias occidentales y soviéticos; por ejemplo, en 1944, Stalin no permitió a los EE. UU. y al Reino Unido utilizar aeropuertos ucranianos para aprovisionarse (Bieber & Bernecker, 2002, p. 13). Los aliados occidentales temían que una Alemania unificada se aliara con la URSS, y los soviéticos querían evitar que el sistema occidental se acercara demasiado a sus zonas de influencia. Los británicos, por ejemplo, incluso temían que la ONU no pudiera contener a los soviéticos. Stalin desconfiaba del camino que estaban tomando las potencias occidentales para regenerar Alemania y su sistema; de hecho, las consideraba potenciales enemigos capitalistas (Lorenzo, 2019). La división ideológica y política entre las potencias occidentales y la URSS provocó que se dividiese el mundo en dos «bloques», que chocaban de forma directa en Alemania. El mismo Churchill (1959) recomendó que «no era aconsejable que los rusos ocuparan más de lo necesario en el oeste de Europa» ( p. 896), y consideraba que había que sopesar bien qué territorios se entregaban a la URSS. Los británicos temían que los soviéticos controlaran demasiados territorios europeos, y la presión amenazante de Tito en Yugoslavia también les inquietaba. Dividiendo Alemania, las democracias occidentales pretendían contener el comunismo y salvar sus intereses. En 1946, Churchill ya hablaba del «telón de acero» que separaba el este del oeste, y en 1947 Truman declaró que «había que liberar el mundo del comunismo» (Honecker & Corvalán, 2000, p. 75), defendiendo el modelo de vida occidental e impulsando un modelo capitalista en Europa, lo que iba en contra de la Alemania controlada que interesaba a Stalin. En la Conferencia de Moscú de 1947 el «telón de acero» cayó definitivamente; los aliados occidentales no querían una administración alemana unificada porque temían que el país pasara a ser parte de la esfera de influencia soviética, y la división se estableció (Judt, 2006, p. 124).

Alemania fue dividida por los intereses y los miedos de las potencias que ganaron la Segunda Guerra Mundial. Los aliados consideraban que Alemania era una pieza clave del equilibrio de poderes en Europa, y querían mantener un cierto control, aparte de obtener recursos. Desde un principio se repartieron el país para aprovecharse económicamente del territorio; los soviéticos querían explotar las zonas industriales y los recursos que pudieran para reconstruirse, y los aliados occidentales querían instaurar un sistema capitalista en sus zonas para recuperarse económicamente. Además, todos los aliados temían el resurgimiento de una Alemania resentida, como ya había sucedido previamente, por lo que querían evitar su unidad política, al menos durante un cierto periodo. Finalmente, la URSS desconfiaba de las potencias occidentales y viceversa, por lo tanto, ambos querían evitar que Alemania se convirtiera en una zona de influencia del otro.

Fotografía: Presidental Collection of Harry S. Truman https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Potsdam_Conference_group_portrait,_July_1945.jpg

Bibliografía

Bernecker, W. (2004). Historia y presente del estado-nación: alemania y méxico en perspectiva comparada. (1a ed.). México D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México.

Honecker, M. y Corvalán, L. (2000). La Otra Alemania, La RDA. Santiago de Chile: ICAL.

Hobsbawm, E. (2011). Historia Del Siglo XX. (3a ed.). Buenos Aires: Crítica.

Hillgruber, A. (1995). La Segunda Guerra Mundial: Objetivos de guerra y estrategia de las grandes potencias. Madrid: Alianza.

Centre virtuel de la connaissance sur l’europe (2016). The Cold War (1945–1989). Recuperado 23 de noviembre 2020, de https://www.cvce.eu/obj/the_cold_war_1945_1989_full_text-en-6dfe06ed-4790-48a4-8968-855e90593185.html

Pich mitjana, J. (2010). La Guerra Freda I El Món Contemporani (1945-1989). Barcelona: Collecció Perspectives.

Nebreda Pérez, J. (2020). La guerra después de la guerra. Estados Unidos, la Unión Soviética y la Guerra Fría. Páginas de historia contemporánea de España, pp. 1-37.

Churchill, W. (1959). La Segunda Guerra Mundial. Lectulandia.

Patula, J. (2020). La cuestión alemana y Europa. Cuestiones contemporáneas, 129-149.

Judt, T. (2006). Postwar. Penguin Publishing Group.

Macmahon, R., Lane, A. y Larres, K. (2001). The Cold War. Oxford: Blackwell.

Bieber, L. y Bernecker, W. (2002). Alemania 1945-2002. (1a ed.). México D. F.: Universidad Nacional Autónoma de México.

Lorenzo Cuesta, J. (2019). La Guerra Fría vista desde el siglo XXI. Novedades interpretativas. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 19, 225-233.

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