¿Por qué la comunidad internacional no frenó -o no pudo frenar- a Hitler?

En primer lugar, es necesario concretar qué entendemos por comunidad internacional en ese momento. Las democracias occidentales, especialmente los Estados Unidos, tenían una gran importancia. Francia y Gran Bretaña, aunque estaban debilitadas, también eran relevantes. Otra potencia era la Unión Soviética, aunque se encontraba relativamente aislada del ámbito internacional por motivos ideológicos. Finalmente, Alemania y Japón, juntamente con Italia, conformaban un último bloque1. Es importante remarcar que en esa época los actores no-estado tenían muy poca influencia efectiva. El más relevante era la Sociedad de Naciones, fundada en 1919 a raíz del Tratado de Versalles, pero no tenía poder total sobre los estados.2 Durante los años treinta, Alemania, Italia, Japón y la URSS estaban claramente insatisfechas con sus respectivas posiciones en el ámbito internacional. Además, las democracias occidentales no estaban dispuestas a iniciar una guerra para defender los principios establecidos después de la Primera Guerra Mundial, y no frenaron las políticas exteriores agresivas de estas potencias insatisfechas3. En los años treinta, Hitler empezó a violar tratados internacionales como el de Versalles, pero el resto de la comunidad internacional no reaccionó; este es el período donde situamos las «políticas de apaciguamiento» de las democracias occidentales, y durante el cual la Alemania nazi se expandió considerablemente.4 Aunque también podemos preguntarnos por qué la comunidad internacional no hizo nada para terminar con los campos de concentración y de exterminio nazis, nos centraremos en por qué no frenó o no pudo frenar a Hitler mientras este se expandía y se rearmaba antes de la Segunda Guerra Mundial.

Tanto la Alemania nazi como sus potencias aliadas, Italia y Japón, se expandieron durante los años treinta.5 De todos modos, las políticas de apaciguamiento, especialmente por parte de los conservadores británicos, implicaban que «los nazis vendrían a ser un mal menor» y «podrían frenar el expansionismo soviético»6, así que las democracias occidentales prefirieron preocuparse de la propia seguridad en lugar de contrariar a Hitler y a sus aliados a través de la Sociedad de Naciones (SDN) de forma contundente.7 Para empezar, Japón conquistó Manchuria en 1931, cosa que desencadenó una reacción poco potente por parte de la comunidad internacional. La Sociedad de Naciones y los Estados Unidos condenaron la agresión, pero Japón lo ignoró y abandonó la SDN en 1933.8 Hitler se retiró de la organización y de la Conferencia de Desarmamiento de Ginebra en 1933, ya que empezó un programa de rearmamento integral que las democracias occidentales permitieron.9 En 1935, Hitler admitió que Alemania había creado una fuerza aérea militar ilegalmente y que había introducido el servicio militar obligatorio. El mismo año, Alemania agrupó sus fuerzas armadas en el Wehrmacht,10 y se establecieron pactos que vulneraban el Tratado de Versalles, como un acuerdo naval entre Gran Bretaña y Alemania.11 Italia invadió Abisinia en 1935,12 pero cuando el país denunció ante la SDN la invasión italiana, las democracias occidentales decidieron no tomar medidas efectivas contra Mussolini, cosa que Churchill criticó13. En marzo de 1936 Alemania militarizó Renania, violando el Tratado de Locarno,14 pero Francia y Gran Bretaña no reaccionaron al respecto.15 Tanto Alemania como Italia ayudaron al bando nacional durante la guerra civil española, cosa que les sirvió para probar armas, pero los franceses y británicos no intervinieron de forma directa.16 Las democracias occidentales no hicieron nada cuando los japoneses invadieron China en 193717 ni cuando Alemania anexionó Austria a principios de 1938.18 En los Acuerdos de Múnich de 1938, donde se reunieron Francia, el Reino Unido, Alemania e Italia19, se concedió a Alemania el territorio checoslovaco de los Sudetes,20 y la mayoría de franceses y británicos consideraron que se había evitado la guerra.21 De hecho, Chamberlain declaró que, si se luchaba, «sería por algo más importante»22. En marzo de 1939, Hitler invadió el resto de Checoslovaquia y Mussolini ocupó Albania.23 En 1939 se había violado constantemente la ley internacional y la SDN se había reducido a la impotencia.24 «Etiopía, España, China, Austria y Checoslovaquia se habían sacrificado por los principios de apaciguamiento»25, ya que las democracias occidentales tenían la esperanza de que, si no se hacía uso de la fuerza contra Alemania, no estallaría una guerra. Pero, ¿por qué querían evitar este conflicto?

En Gran Bretaña, el legado traumático de la Primera Guerra Mundial hacía que la población quisiera evitar un conflicto parecido.26 Económicamente, los británicos no se podían permitir una nueva guerra y, además, no tenían una flota capacitada para actuar simultáneamente en los tres grandes océanos y ni en el Mediterráneo.27 El Reino Unido estaba más preocupado por mantener su propio imperio, más extenso que nunca, pero en grave peligro de descomposición, que por el problema europeo.28 Los británicos, influenciados por la oposición a la política soviética y siguiendo las directrices del balance of power para mantener su posición imperial, aceptaron las exigencias alemanas para mantener este «equilibrio».29 De hecho, es ese momento, el gobierno británico consideraba las diferencias respecto a la URSS más profundas que en comparación con Alemania.30 La agitación por una «revolución mundial» fomentada por la Unión Soviética amenazaba las colonias británicas, especialmente en Asia.31 Además, una nueva guerra mundial favorecería el peso económico y las potencialidades de los Estados Unidos, lo cual reduciría la posición de importancia británica en el mundo.32 Chamberlain, que no quería aliarse de forma estrecha con los Estados Unidos para evitar convertirse en un «socio menor», fomentó la «política de apaciguamiento» a partir de 1937,33 ya que pensaba que las políticas revisionistas del Tratado de Versalles proclamadas por Hitler podían encajar en su política europea.34 El rearmamento británico era puramente defensivo,35 y fueron la creación del Protectorado de Bohemia y Moravia y la invasión total de Checoslovaquia en 1939 lo que empezó a empujar al Reino Unido a aliarse con Francia.36, 37 La Primera Guerra Mundial y la Crisis del 29 habían provocado que Francia se quedase débil tanto a nivel económico como de infraestructura38. Asimismo, en el Reino Unido el legado traumático de la Primera Guerra Mundial hacía que la población quisiera evitar un conflicto parecido39. Además, Francia sufría tensiones políticas internas a consecuencia de la situación de decadencia en la que se encontraba. El Crac del 1929 había provocado una grave crisis económica en el país, a la vez que el sistema político se debilitaba. Desde la Primera Guerra Mundial, algunos académicos franceses habían señalado que a los políticos del país les faltaba preparación en materia social y económica. Por ejemplo, con el escándalo de Stavisky de 1934, el sistema político francés se desestabilizó aun más. Al relacionarse al estafador de origen ruso con los políticos radical-socialistas que habían ganado las elecciones de 1932, se desencadenaron una serie de protestas contra el gobierno que culminaron con la dimisión del jefe de gobierno, Camille Chautemps40. El país no estaba en posición de iniciar una guerra. Hay que tener en cuenta, además, que ni Francia ni Gran Bretaña «tenían nada que ganar con una nueva guerra, pero sí mucho que perder»,41 por eso recurrieron a las políticas de apaciguamiento. Francia apoyó el esfuerzo defensivo de los británicos con la Línea Maginot, que finalmente no resultó eficaz.42

Cuando empezó el gran ataque japonés contra China en 1937, Roosevelt declaró su rechazo moral hacia los regímenes totalitarios y autoritarios de Europa y Asia.43 Desde entonces hasta 1939, los Estados Unidos pasaron gradualmente de su política de aislamiento militar al intervencionismo político.44 Dejando de lado la competencia económica con los británicos hasta entonces, firmaron un tratado comercial con el Reino Unido en noviembre de 1938 que excluía a Alemania.45 Este movimiento coincidió con la «noche de los cristales rotos»y la retirada del embajador estadounidense de Berlín.46 Roosevelt exigió enfrentar a los alemanes con métodos short of war —a un paso de la guerra.47 Además, Hitler amenazó al «judaísmo financiero internacional dentro y fuera de Europa»48 en 1939, cosa que aumentó la tensión entre ambas potencias. Sin embargo, la mayoría de la población y el Congreso estadounidense preferían mantenerse ajenos a la nueva guerra, aunque tuvieran cierta afinidad con las democracias europeas occidentales.49 Mientras que Roosevelt, desde 1938, consideraba Alemania el principal peligro para la paz mundial, y los Estados Unidos, los Estados Mayores militares estadounidenses creían que la primera amenaza era Japón, y la opinión pública estaba en contra de intervenir en la guerra.50 En consecuencia, los Estados Unidos pretendían mantenerse ajenos a la guerra europea a nivel militar, como mínimo al principio.51 De todas formas, proporcionaron armas a los británicos durante la primera etapa del conflicto, aunque la Neutrality Act prohibía que los estadounidenses vendieran armas a estados en guerra.52

A los soviéticos les interesaba que la guerra se alargara, provocando un agotamiento de lo que determinaban como «las dos agrupaciones imperialistas»53. De esta forma, intervendrían en la fase final de la guerra «poniendo todo su peso en la balanza».54 Los acuerdos de Múnich preocuparon a Stalin, que temía una alianza anticomunista entre Japón, Alemania y las democracias occidentales.55 En parte por esto, y para evitar que el conflicto bélico afectara a la URSS,56 Stalin firmó el pacto de no agresión con Hitler en agosto de 1939 (Ribbentrop-Molotov), a través del cual se repartieron Polonia en secreto.57 Poco después, aseguraría sus fronteras en el este firmando la paz con los japoneses, aunque dejó unas cuantas tropas en la zona porque nunca acabó de confiar en Japón.58 También hay que tener en cuenta que, cuando se inició la guerra, los soviéticos eran aliados de los alemanes y les vendían grandes cantidades de alimentos, materias primas y petróleo,59 obteniendo un beneficio económico considerable.

La comunidad internacional no frenó de forma contundente las agresivas políticas expansionistas de Alemania, Italia y Japón durante los años treinta. La Sociedad de Naciones, que reflejaba principalmente los intereses de las democracias occidentales, no tomó acción efectiva contra este tipo de acontecimientos. El Reino Unido, debilitado económicamente, preocupado por mantener su imperio en peligro de desintegración y desconfiado de la URSS, pretendía evitar la guerra, que su opinión pública temía por la memoria traumática de la Primera Guerra Mundial. Francia, con una economía e infraestructura débiles, tensiones políticas internas y el legado traumático de la Primera Guerra Mundial, tampoco estaba en posición de iniciar una guerra. La opinión pública y los Estados Mayores militares de los Estados Unidos no querían participar en la guerra de Europa, ya que consideraban que no les amenazaba, aunque Roosevelt pensaba lo contrario. Sin embargo, se dio un cierto intervencionismo político con las democracias occidentales. Finalmente, Stalin pretendía que la guerra enfrentara a las democracias occidentales con lo que el consideraba «los dos bloques imperialistas», de modo que ambos se debilitaran y que la URSS pudiera convertirse en un actor más influyente. Además, se alió con Hitler al principio del conflicto, obteniendo hasta ganancias económicas. Finalmente, fueron las reclamaciones territoriales alemanas en Polonia lo que hicieron estallar la guerra. El 1 de setiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. Pocos días después, Francia y el Reino Unido declararon la guerra a Alemania, y empezó la Segunda Guerra Mundial.60


Referencias

  1. Hobsbawm, E., 2011. Historia Del Siglo XX. 3rd ed. Buenos Aires: Crítica, pp.158, 159.
  2. Commager, H., 2004. The Story Of The Second World War. Washington, D.C.: Potomac Books, Inc., p.16.
  3. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues Guerres Mundials I El Període D’Entreguerres (1914-1945). 2nd ed. Barcelona: Universitat Pompeu Fabra, pp. 595-598.
  4. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.16.
  5. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.15-16.
  6. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues…, pp. 595-598.
  7. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.15-16.
  8. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.
  9. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.14.
  10. Nouschi, M., 1999. Historia Del Siglo XX. Madrid: Cátedra, p.539.
  11. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.15.
  12. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.
  13. Churchill, W., 1959. La Segunda Guerra Mundial. Lectulandia, p.290.
  14. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.16.
  15. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.
  16. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.
  17. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues…, pp. 595-598.
  18. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.
  19. Ibídem.
  20. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues…, pp. 595-598.
  21. Ibídem.
  22. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.20.
  23. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.
  24. Commager, H., 2004. The Story Of…, p.20.
  25. Ibidem.
  26. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.160.
  27. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.158-159.
  28. Ibidem.
  29. Hillgruber, A., 1995. La Segunda Guerra Mundial. Objetivos De Guerra Y Estrategia De Las Grandes Potencias.. Madrid: Alianza, p.18. 30 Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.19-20.
  30. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.24-25.
  31. Ibidem.
  32. Ibidem.
  33. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.19-20.
  34. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.26-27.
  35. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.160.
  36. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.26-27.
  37. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.158-159.
  38. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.160.
  39. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.18.
  40. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.158-159.
  41. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.18.
  42. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.36-38.
  43. Ibidem.
  44. Ibidem.
  45. Ibidem.
  46. Ibidem.
  47. Ibidem.
  48. Ibidem.
  49. Ibidem.
  50. Ibidem.
  51. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.39-40.
  52. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues…, pp. 604.
  53. Hillgruber, A., 1995. La Segunda…, p.30-31.
  54. Ibidem.
  55. Ayén, F., 2010. La Segunda Guerra Mundial. Causas, desarrollo y repercusiones. Proyecto Clío 36. ISSN: 1139-6237. http://clio.rediris.es
  56. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues…, pp. 595-598.
  57. Ayén, F., 2010. La Segunda…
  58. Ayén, F., 2010. La Segunda…
  59. Pich Mitjana, J., 2012. Les Dues…, pp. 595-598.
  60. Hobsbawm, E., 2011. Historia…, pp.45.

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