Prostitución, pornografía y Only fans

La pornografía es prostitución en diferido[1]. En primer lugar, en ambas prácticas hay unas personas que llevan a cabo relaciones sexuales a cambio de un beneficio ajeno a las mismas relaciones. En el caso de la prostitución, la relación sexual se tiene con la persona que paga, en el de la pornografía, el cliente únicamente visualiza el acto sexual y paga de forma directa –comprando la película, pagando la suscripción a la web- o de forma indirecta –dando sus datos personales, consumiendo publicidad etc. Adicionalmente podemos apuntar que del hecho de que de la pornografía no se siga una trata de blancas tan acusada como en el caso de la prostitución tiene más que ver con el hecho de que esta es ilegal y que, por lo tanto, su comercio lo llevan a cabo mafias y personas al margen de la ley que con su esencia misma[2]. Es más, el porno mismo, aun siendo legal, tiene en su circuito habitual muchas de estas prácticas abusivas [3]. Por ejemplo, son conocidas las situaciones violentas que genera la grabación de escenas de sexo duro, como el deeptrhoat, a las cuales están obligadas las actrices por contrato, o las de sexo con múltiples hombres a la vez.

Dicho esto, mi intención no es un análisis moral de estas prácticas ni la relación entre la prostitución, la pornografía y la explotación sexual, por el contrario pretendo centrarme en las razones que explican la concepción social tan distinta que se tiene de ellas. Aunque haya gente que propugne prohibir el porno, la mayoría de la población lo ve como algo normal: si preguntamos a la gente si lo consume, la mayoría serán sinceros en sus respuestas. Todo lo contrario de la prostitución. Si ambas son, realmente, tipos de prostitución, esta divergencia de opinión pública es, cuanto menos, contradictoria.

Entre los principales motivos de esta disparidad, opino que hay dos causas que destacan entre el resto: por un lado, la diferencia entre visualizar un acto y realizarlo, y la segunda, la ya comentada situación laboral de ambos sectores.

En primer lugar, la distinción inconsciente que gran parte de la sociedad realiza entre disfrutar viendo algo y disfrutar haciéndolo nos sitúa en un conflicto moral más grande. Efectivamente, la disyunción entre porno y prostitución es la misma que encontramos entre cómplice pasivo y criminal[4]. Si pensamos que alguien, al hacer omisión de socorro frente a un crimen, está cometiendo una injusticia, ¿no deberíamos ver peor a quien disfruta viendo dicho crimen? Quiero decir, en tanto que la sociedad concibe la prostitución como algo malo, lo lógico sería que también pensara en quien disfruta viendo dicha prostitución como en alguien que está cometiendo un acto inmoral. Sin embargo, la sociedad tiene manga ancha aquí. Creo que hay una suerte de pacto tácito, por el cual la mayoría de la sociedad ve porno y no reflexiona en la moralidad de su acto, porque es “menos malo” que la prostitución. En tanto que estamos acostumbrados a vivir con pornografía, mantenemos la incoherencia a flote. Sin embargo, la diferencia entre visualizar activamente algo y producirlo no es tanta, ya que, por ambas vías, el acto concreto va a seguir produciéndose. Ponemos piezas para que la prostitución continúe, sea en diferido o en directo. No solo eso, incluso podríamos decir que la complicidad es activa en la medida en que es solo gracias al consumo de la pornografía que esta tiene lugar.

Otro motivo por el que la opinión pública de porno y prostitución difiere es su situación laboral actual. Efectivamente, como ya hemos comentado anteriormente, la prostitución actual está estrechamente ligada a la explotación de mujeres, a las redes de contrabando ilegales y a prácticas horrorosas, como los abortos forzados o las violaciones [5]. La pornografía, por su lado, está muchísimo más controlada, genera grandes beneficios a las actrices más famosas[6] y, en general, mantiene la legalidad en todo su proceso[7].

Sin embargo, esta diferencia laboral no es una diferencia que radique en la raíz de estas prácticas, sino en su situación laboral actual. Del mismo modo que las drogas, en función de su marco social, acarrean o no diferentes problemas, como la marginación social, el hecho de que la prostitución conlleve aparejada prácticas como las ya mencionadas está causado por su condición de ilegalidad. Por lo tanto, la moralidad de ambas prácticas debe residir en características anteriores a su situación social presente y siguen compartiendo, bajo mi punto de vista, el mismo destino ético. Nada hay que las distinga de tal modo que haga que el juicio sobre una pueda ser opuesto al de la otra.

Por lo tanto, si recogemos la digresión en su conjunto, la postura más coherente sería o ser abolicionista del porno o estar a favor de la legalización de la prostitución. La postura intermedia actual tiene serios agujeros, y remite, en última instancia, a las condiciones sociales del momento de una y otra industria, las cuales, como venimos señalando, no tienen por qué ser inamovibles.

Continuando con nuestra reflexión sobre los diversos tipos de prostitución que existen en la actualidad, me parece sumamente interesante analizar la red social Only Fans. Esta página, que se lanzó al mercado en 2016, pero que ha tenido su auge en los últimos dos años, consiste, principalmente, en que diversas cuentas suben contenido propio y, para poder verlo, debes seguirlas. Hasta aquí, Only Fans no se diferencia de otras redes, como Instagram o Twitter. Sin embargo, el punto característico de Only Fans es que, para seguir a ciertas cuentas, el usuario debe pagar una mensualidad que varía en función del perfil que queramos seguir, de los cinco hasta los cincuenta euros.

Aunque Only Fans, en principio, no es una página pornográfica, ya que hay cuentas que no suben contenido de este tipo, la mayoría de perfiles importantes pertenecen a mujeres que graban escenas sexuales. El grueso de los ingresos producidos por esta red social viene de los contenidos pornográficos.

Para acceder a este contenido, como ya hemos comentado, se debe pagar en la mayoría de ocasiones una mensualidad que únicamente nos vale para una cuenta. Así pues, si tuviéramos que analizarlo a nivel comercial, podríamos hablar de una mezcla entre Instagram y Netflix; como si Tarantino se abriera una página en la que únicamente puedes ver sus películas. Esto, que en un principio parece absurdo, pues la cantidad de porno gratuito que existe en Internet es abrumadora, cobra sentido cuando vemos que, al pagar la mensualidad, podemos interactuar con el creador de contenido. No solo podemos hablar con él, sino que podemos pedirle que haga vídeos o fotos por encargo.

Por lo tanto, en Only Fans, más que por el porno en sí, se paga por la particularización y exclusividad de dicho porno. Las actrices porno aquí trabajan como autónomas. El proceso de “uberización”, consistente en la individualización de los contratos laborales en la figura de los falsos autónomos, ha llegado definitivamente a esta industria.

Ahora bien, si retomamos las comparaciones entre la prostitución y la pornografía tradicional, ¿no podemos observar en Only Fans una aproximación todavía mayor del porno a la prostitución? En esta red social no soy únicamente espectador, sino que puedo pedir contenido sexual exclusivo y personalizado. La cercanía que hay entre esto y acostarse con una prostituta es tal que únicamente encuentro, como diferencia significativa, la pantalla que las separa. Ya no se da la misma relación que en el porno clásico, que es semejante a la de televisión y audiencia, sino que es idéntica a la que tiene un youtuber con aquellos seguidores que le pagan mensualidades vía Patreon –una red de micromecenazgo online- y con los que se ve obligado a tener una relación más personal que con el resto.

Nos encontramos, por lo tanto, como sociedad ante la acentuación de la situación incoherente que habíamos comentado con anterioridad. Aunque, dicho sea de paso, un sistema es perfectamente capaz de perdurar en dichas paradojas.


[1] Antes que nada, quisiera advertir a aquellas personas que, ante ciertas palabras, reaccionan como un semáforo: encendiendo la luz roja o verde en función de si les remite inmediatamente a juicios de valor. Aquí no voy a hablar acerca de la moralidad de estas prácticas, sino de su interrelación. Así pues, no presupongo que la prostitución sea buena o mala.

[2] En Ámsterdam la prostitución es legal y muchos de esos problemas han desaparecido, aunque no la totalidad de ellos.

[3] Es algo que se puede ver en el documental Hot girls wanted: Turned on, producido por Rashida Jones, Jill Bauer y Ronna Gradus.

[4] Esto partiendo de la base de que la prostitución se ve como algo malo. Estamos analizando la distancia de juicio, no de hecho, entre estos actos.

[5] Ver, por ejemplo, el minucioso estudio “Trata de mujeres con fines de explotación sexual en España [estudio exploratorio]”, de la Federación de Mujeres Progresistas.

Para algo más breve, pero también informativo, ver “Más del 80% de las mujeres prostituidas en España son víctimas de trata”, en la Opinión de Murcia, 23 de septiembre de 2020
https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2020/09/23/80-mujeres-prostituidas-espana-son-33963931.html

[6] Ver “¿Cuánto cobran realmente las actrices porno?”, Crónica global de El Español,
https://cronicaglobal.elespanol.com/vida/cuanto-cobran-realmente-las-actrices-porno_32362_102.html

[7] Ver Azar, Martín: “La industria del porno. Cine, tecnología y sexualidad”, en Apuntes de investigación del CECYP 2014. Año XVII. Nº 24. pp. 123-139.


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