¿Qué efectos tuvieron los movimientos contraculturales de la década de los sesenta en la sociedad occidental?

Hasta mediados del siglo XX, la izquierda se centró en el movimiento obrero y en los derechos de los trabajadores. Sin embargo, eso cambió alrededor de la década de 1960, en parte a causa de los movimientos contraculturales que surgieron en diversos lugares. Algunos identifican este suceso con el término rebelión contracultural. En primer lugar, el fuerte aumento de la natalidad en la posguerra implicó que en los años sesenta hubiera una gran cantidad de jóvenes (Judt, 2006, pp. 390-391). Los movimientos contraculturales comprenden un movimiento político, artístico y social surgido en las democracias occidentales durante esta década; una de sus características es que agrupaba colectivos muy diversos, unidos contra las desigualdades sociales y el desencanto por los cánones morales de la época (García Vinuesa, 2017, p. 93). Fueron las protestas estudiantiles del 13 de mayo de 1960 en los Estados Unidos lo que marcó el inicio de las protestas de la década. Cabe destacar que los movimientos contraculturales de los años sesenta estaban altamente influenciados por la generación beat, un movimiento socioliterario de los años cincuenta que rechazaba los valores estadounidenses del momento además de apoyar el uso de drogas, la indagación en la filosofía oriental y la libertad sexual (García Vinuesa, 2017, p. 106). Los rasgos más relevantes de la rebelión contracultural fueron el surgimiento de la nueva izquierda, la intensa implicación de las asociaciones estudiantiles, el abandono de la moral de la clase media, el apoyo al pacifismo y al ambientalismo, la aceptación de todas las identidades sexuales, la generación de una nueva espiritualidad, la aparición de nuevas corrientes musicales y la aceptación de la multiculturalidad del mundo. Estos movimientos querían romper con el pasado, cuestionárselo absolutamente todo, y estaban impulsados por un idealismo que los separaba de sus padres provocando una característica brecha generacional (Judt, 2006, p. 485). ¿Qué efectos tuvieron los movimientos contraculturales de la década de los sesenta en la sociedad occidental?

A nivel ideológico surgió entre los jóvenes la llamada nueva izquierda en casi todas las democracias occidentales (MacMahon, Lane y Larres, 2001, p. 116), que cambió la manera de entender el marxismo a través de la revisión de textos de Luxemburgo, Lukacs, Gramsci y Marx de joven, entre otros (Hobsbawm, 2011, pp. 442-444). Se empezó a extender la idea de «conocimientos represivos» impulsada por Foucault; es decir, se sostenía que el poder se mantenía gracias al control del conocimiento y se perpetuaba a través del discurso social. En consecuencia, estos movimientos buscaban cuestionar todos los comportamientos, opiniones y conocimientos considerados instrumentos políticos. Contrariamente, la izquierda antigua no veía con buenos ojos estos cambios estructurales, ya que nunca había sido disidente a nivel cultural ni había impulsado la liberación sexual (Judt, 2006, pp. 403-404). Además, los jóvenes de la nueva izquierda identificaban más la teoría marxista con las prácticas revolucionarias en «tierras exóticas» que con el proletariado, cosa que les alejaba aún más de la izquierda tradicional. Los jóvenes de los años sesenta se inspiraban en figuras como el Che Guevara, dejando de lado los regímenes comunistas de Europa del este, que consideraban autoritarios. Este «tercermundismo» aseguraba que el mundo podía emanciparse si liberaba su «periferia» explotada, y por lo tanto el problema de base no era el capitalismo industrial moderno, sino la colonización (Hobsbawm, 2011, p. 442). Así pues, la nueva izquierda sustituyó el movimiento obrero por un enfoque hacia el activismo (McCall, 2007, p. 406). La descolonización y la autodeterminación de los pueblos durante la época marcó el movimiento político, incluso provocando un interés renovado en las lenguas regionales, como sucedió en Francia. Cabe destacar que la noción de «conciencia falsa», utilizada por los jóvenes marxistas para desmarcarse de las «represiones discursivas», fue pervertida por algunos grupos, que la transformaron en la premisa del terrorismo de izquierdas de los años setenta (Judt, 2006, pp. 478-479). Surgieron organizaciones de este tipo en diferentes países, como por ejemplo las Brigate Rosse en Italia y la Red Army Fraktio en Alemania, que pretendían contrarrestar la derrota de las masas a través de la violencia de pequeños grupos. A nivel político, los movimientos contraculturales dieron voz a colectivos invisibilizados como las mujeres y el colectivo LGTB. Además, la Iglesia perdió poder en temas como el divorcio y el aborto en muchos países occidentales, de manera que se pudieron empezar a consolidar estos derechos. De todos modos, los efectos legales de los «sesenta» llegaron a la mayoría de Europa durante la década de los setenta, excepto en el caso de Gran Bretaña y los países escandinavos (Judt, 2006, p. 377).

Es imprescindible mencionar el Mayo del 68 en París, que fue una revuelta estudiantil espontánea que acabó teniendo efectos políticos; de hecho, hizo retirarse al presidente francés De Gaulle durante un tiempo (Pich, 2010, p. 485). Estas protestas universitarias se extendieron por los Estados Unidos y el resto de Europa occidental. En los EE. UU., las manifestaciones masivas contra la guerra de Vietnam de noviembre de 1969 unieron definitivamente los movimientos por los derechos civiles. Aunque los estudiantes sacudieron el sistema político establecido, provocaron que este sistema se unificara más para evitar caer (Gaddis, 2005, p. 92). Así pues, es interesante destacar que se trataba más bien de una revolución cultural que política. Por otro lado, hay que subrayar que politizó a muchos jóvenes, así como también ayudó a romper el silencio sobre la previa ocupación nazi en algunos países de Europa. Siguiendo esta línea, Tony Judt afirma que los proyectos de los movimientos contraculturales de los años sesenta en el mundo occidental fueron el final de la tradición revolucionaria porque, según el autor, había muchas incongruencias en sus pensamientos; por ejemplo, rechazaban el consumismo, pero ellos mismos eran un objeto de consumismo cultural y comercial con su ropa, discos… (Judt, 2006, p. 463).

Otro efecto importante que tuvieron los movimientos contraculturales de la década de los sesenta fue la explosión del activismo por los derechos civiles. Un importante movimiento fue la llamada revolución afronorteamericana, que comenzó en 1960 con los sittings y consiguió varias leyes que eliminaban el racismo legal (García Vinuesa, 2017, pp. 85-90). Con ella nació el concepto de Black Power, y colectivos como los Panteras Negras eran percibidos por las izquierdas como la «vívida idea de la revolución» (Kimball, 2000). El asesinato de Martin Luther King Jr. en 1968 provocó tantos disturbios en los Estados Unidos que se aprobó la ley por el derecho igualitario a la vivienda, y se convirtieron en delito federal los actos violentos por religión, raza u origen nacional. Por otro lado, las organizaciones latinoamericanas también endurecieron sus reivindicaciones, y en 1968 se creó el Movimiento Indígena Estadounidense inspirado en el Red Power movement, que consistía en una reclamación de derechos por parte de los nativos americanos estadounidenses (García Vinuesa, 2017, pp. 98-99). En paralelo, crecieron los colectivos pacifistas y antinucleares por la oposición a la guerra de Vietnam. Asimismo, la amenaza nuclear, la generación de una conciencia global y el elevado uso de pesticidas extendieron el movimiento ambientalista por las sociedades occidentales, parte de la rebelión contracultural. El movimiento feminista también se intensificó durante la década de los años sesenta con la creación de múltiples organizaciones. En 1963, Betty Friedan publicó una obra de referencia para el movimiento: La Mística Femenina. Ese mismo año, una nueva legislación nacional igualó las condiciones de competitividad de las mujeres en el ámbito laboral (García Vinuesa, 2017, p. 104). Cabe destacar que muchas activistas feministas también participaban en otros movimientos, como en el caso de Angela Davis con el activismo afronorteamericano. Inspirados en la revolución afronorteamericana, el colectivo homosexual estadounidense inició el homophile movement a principios de los años sesenta, que culminó en 1969 con la revuelta por la violenta actuación de una redada policial en el establecimiento Stonewall Inn. Finalmente, el movimiento de las personas con discapacidad se originó en EE. UU. y en Gran Bretaña durante aquella época; denunciaba la opresión y la estigmatización del colectivo (Gómez Bernal, 2016). Es interesante tener en cuenta que la unión entre activismos por los derechos civiles generó la base para el concepto de interseccionalidad. Gracias a todos estos movimientos, muchos de los cuales también promovían la liberación sexual, se avanzó culturalmente en muchos aspectos. En Gran Bretaña se legalizaron las píldoras anticonceptivas en 1961, la censura en el cine se redujo, se reformó la ley de la homosexualidad, se legalizó el aborto en 1967, se facilitó el proceso de divorcio… (Judt, 2017, p. 485). Alemania Occidental, Francia, Italia, Bélgica y Países Bajos llevaron a cabo reformas muy similares durante los años setenta. Aun así, cabe destacar que las zonas rurales y las clases bajas no tuvieron tanto acceso a estas mejoras.

Los efectos de los movimientos contraculturales de los años sesenta también se manifestaron a nivel artístico y religioso. Por ejemplo, la música jazz de la época era un medio de expresión de movimientos como el afronorteamericano (García Vinuesa, 2017, p. 5). La celebración del festival Human Be-In en San Francisco, el Summer of Love y otros eventos musicales pretendían poner en práctica los principios de la rebelión contracultural. Sin embargo, los altos consumos de drogas estropearon la opinión pública sobre los movimientos sociales y políticos de la época, además de causar problemas de salud entre los jóvenes. Muchas de las tendencias musicales y de vestimenta de la contracultura se extendieron desde los EE. UU. y Gran Bretaña hacia otras democracias occidentales. La ropa y la estética se convirtieron en elementos identitarios fundamentales, lo que es paradójico, ya que, mientras estos movimientos se declaraban anticonsumistas, proporcionaron importantes ganancias comerciales a muchas empresas. Por otro lado, se fomentaron religiones orientales como el budismo y creencias neopaganas como la wicca (Solé Blanch, 2007, p. 263). Como contraste, el estilo inocente e idealista de los años sesenta desembocó en el punk agresivo y en movimientos musicales retronostálgicos que marcaron la siguiente década.

Los movimientos contraculturales de la década de los sesenta tuvieron diversos efectos en la sociedad occidental. Políticamente, la nueva izquierda sustituyó el movimiento obrero por un enfoque activista y tercermundista, al tiempo que readaptó el marxismo. Aunque acontecimientos clave como las revueltas estudiantiles a partir del Mayo del 68 en París transformaron la cultura de la sociedad occidental, no supusieron un cambio estructural profundo a nivel político. Así pues, los movimientos contraculturales no impulsaron una revolución en el sentido estricto de la palabra, ni tampoco era su objetivo. Por otro lado, a nivel social, los movimientos antirracistas, ambientalistas, pacifistas, feministas, LGBT y anticapacitistas lograron muchos avances mientras forjaban sus bases. A nivel artístico y religioso, la música y algunos elementos estéticos se transformaron en identitarios, así como las religiones «místicas» como las orientales o las creencias neopaganas. Hay que remarcar que, en muchos países de la Europa occidental, los efectos de los movimientos contraculturales de los años sesenta se manifestaron durante la década siguiente y, sobre todo, en el contexto de la clase media urbana. Finalmente, estos movimientos contraculturales supusieron un cierto final de la política ideológica en Europa, cerrando un largo ciclo, e iniciaron importantes movimientos sociales que aún perduran hoy en día.

Bibliografía

GADDIS, J. (2005). The Cold War. London: Penguin UK.

GARCÍA VINUESA, J. (2017). Tradiciones, vanguardias y aspectos transculturales en el jazz occidental de la segunda mitad del siglo XX. (Phd). Universidad de Granada.

GÓMEZ BERNAL, V. (2016). LA DISCAPACIDAD ORGANIZADA: ANTECEDENTES Y TRAYECTORIAS DEL MOVIMIENTO DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD. Historia Actual Online, 39(1), 39-52.

HOBSBAWM, E. , (2011). Historia Del Siglo XX. 3rd ed. Buenos Aires: Crítica.

JUDT, T., (2006). Postwar. Penguin Publishing Group.

KIMBALL, R. (2000). The Long March. San Francisco: Encounter Books.

MACMAHON, R., Lane, A. y Larres, K., (2001). The Cold War. Oxford: Blackwell.

MCCALL, Leslie. , (2007). The Complexity of Intersectionality. Journal of Women in Culture and Society.

PICH MITJANA, J. (, 2010). La Guerra Freda I El Món Contemporani (1945-1989). Barcelona: Collecció Perspectives.

SOLÉ BLANCH, J. (2007). Antropología de la educación y pedagogía de la juventud: procesos de enculturación (Phd). Universitat Rovira i Virgili.

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