Reseña: «Contra las mujeres. (In)justicia en Spinoza» de Cecilia Abdo Ferez

En los debates filosóficos contemporáneos abundan textos que son reconstrucciones —elaboradas o no, depende los casos— del pensamiento de los grandes nombres de la filosofía occidental: Platón, Aristóteles, Agustín, Descartes, Spinoza, Hobbes, Hegel, Marx… Ahora bien, no siempre se encuentran textos que, más allá del trabajo de reconstrucción, interroguen radicalmente a los pensadores para confrontarlos con los problemas del presente. A esta última tarea crítica se dedica el libro de Cecilia Abdo Ferez, académica de la Humboldt-Universität zu Berlin e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. El objeto del libro es la justicia, la injusticia y el papel de las mujeres en la obra de Baruch Spinoza (1632-1677). Las preguntas que lo recorren son las siguientes: ¿por qué volver a Spinoza? ¿Cuál era su concepción de justicia y de injusticia? ¿Qué pensó sobre las mujeres? Y, partiendo de Spinoza pero contra él, ¿qué papel tienen los feminismos en la actualidad? ¿Sirve la obra de Spinoza para reflexionar sobre los feminismos? ¿Cómo atacar las injusticias de género —simbólicas, jurídicas, económicas, institucionales— que atraviesan el tiempo presente?

Abdo Ferez se adentra en la filosofía de Spinoza de manera situada, es decir, desde un contexto político, histórico e intelectual determinado: el del mayo francés. Según la autora, el contexto del 68 señala el «renacimiento de la filosofía de Spinoza o la apertura de un nuevo Spinoza» (Abdo Ferez, 2019, p. 14). Las pruebas de esta revitalización se pueden encontrar en la publicación de obras fundamentales que marcaron el rumbo del pensamiento spinoziano contemporáneo: Spinoza y el problema de la expresión, de Gilles Deleuze; Dieu, de Martial Gueroult; La perspective finale de l’Éthique, de Bernard Rousset y el muy influyente libro Individu et communauté chez Spinoza (1969), de Alexandre Matheron. A estos deben sumárseles los trabajos de Louis Althusser —quien prestó especial atención al materialismo de Spinoza—, como así también, años después, a Pierre Macherey con Hegel o Spinoza y Etienne Balibar con Spinoza y la política. Según Abdo Ferez, la obra de Spinoza impulsó vivamente la discusión intelectual de la izquierda en el ámbito del 68, pues sirvió como herramienta para renovar las maneras de reflexionar sobre la política (más allá del marxismo y el existencialismo). Sin embargo, los efectos del 68 no se limitaron a Europa, pues en Latinoamérica impactaron fuertemente en los partidos de izquierda y en los trabajadores y estudiantes: Uruguay, Colombia, Perú, México, Chile y Argentina fueron testigos del espíritu del 68. Asimismo, las obras de Deleuze, Althusser y Balibar revitalizaron la interpretación de Spinoza en el continente.

Señalado este punto, Abdo Ferez comienza por la noción de justicia en Spinoza. En primer lugar, advierte que «justicia no es un término central en su obra» (Abdo Ferez, 2019, p. 23). Sin embargo, no es que sea un problema ajeno a su pensamiento. Distanciándose del contractualismo de la modernidad, Spinoza considera que la justicia es «la voluntad constante de dar a cada uno lo suyo» (Abdo Ferez, 2019, p. 25). Esta definición proviene de la tradición del derecho romano y se torna predominante en la escolástica medieval. ¿Cómo interpretar la voluntad constante de dar a cada uno lo suyo? Abdo Ferez sostiene que son tres las cuestiones involucradas: 1) la justicia y la injusticia responden a la existencia de poderes políticos constituidos, vale decir, sin un «derecho común» y, por ende, sin la posibilidad de coerción, no puede haber justicia ni injusticia; 2) la justicia implica una voluntad, ánimo o deseo de dar a cada uno lo suyo, por lo que es necesario desentrañar qué significan estas palabras y 3) por último, está «lo suyo», el derecho de cada uno, lo propio de cada quien.

La primera cuestión es la de que no hay justicia ni injusticia por fuera de un derecho común y de poderes constituidos (para Spinoza en la naturaleza no hay patrones normativos, por ende, no podría haber justicia ni injusticia, ni crimen ni pecado, ni falta ni transgresión). Esto conlleva que la justicia y la injusticia sean «definiciones humanas, políticas, cambiantes, convencionales e históricas, que aluden a un grupo específico y a sus valores, a sus formas de vida, a su organización social» (Abdo Ferez, 2019, p. 31). A este respecto, es necesario averiguar el sentido del derecho común. Para Spinoza el derecho común es el derecho colectivo de la multitud: es la potencia del hacer común, de pensar común, de imaginar común y de compartir derechos. En efecto, derecho común es sinónimo de potencia colectiva, la cual está basada en un conjunto de derechos que «están siendo» (Abdo Ferez, 2019, p. 39). Spinoza no se adhiere a la concepción moderna que consideraba a los derechos desde la subjetividad, el dominio, el poder, la propiedad u otro título jurídico. Derecho para Spinoza es tener la capacidad o la potencia de hacer, actuar, pensar, hablar e imaginar con otros. Así pues, los derechos siempre se ejercen en una trama de relaciones sociales. En palabras de Abdo Ferez: la «justicia es una definición política, sustentada en la existencia del derecho colectivo de la multitud» (Abdo Ferez, 2019, p. 40).

Ahora bien, para que exista la justicia y se mantenga en la comunidad es preciso que no genere rechazo o «indignación» de la multitud y no despierte un sentimiento de injusticia. Dicho de modo ligeramente distinto: la injusticia en Spinoza aparece como señalamiento colectivo de un daño que suscita pasiones como el odio, la indignación y la venganza, proclives a desatar el conflicto social. La indignación implica la «autopercepción de una multitud como víctima de un daño común que deviene en agenciamiento colectivo» (Abdo Ferez, 2019, p.  47). Esto genera un deseo de venganza común que, además de que puede ser productivo en términos políticos, pone en primer plano el conflicto existente en las sociedades, el cual es imposible de eliminar (en este sentido Spinoza se inscribe de pleno derecho en la tradición del realismo político). Al mismo tiempo, la indignación mantiene viva la memoria del daño colectivo sufrido. Sin embargo, no es que Spinoza crea que haya que devolver el daño. Más bien, hay que administrarlo o, mejor dicho, hacer un trabajo de duelo sobre los poderes públicos y las instituciones: «Sería un trabajo social por fundar instituciones justas, que disputaría los sentidos de cuál fue el daño en común, quiénes fueron los perpetradores y quiénes las víctimas y cómo puede repararse o qué lo hace continuar» (Abdo Ferez, 2019, p. 52). 

El interés central de Abdo Ferez estriba en observar el estatuto de las mujeres en la filosofía de Spinoza. Y el resultado es desalentador, pues Spinoza las coloca en una clara posición de debilidad política, económica, institucional: víctimas, oprimidas y tuteladas por los varones, están excluidas del juego de la democracia. Spinoza constata esta exclusión y la da por supuesta; no se detiene a interrogar cuáles son las condiciones políticas, jurídicas y económicas de esta situación. Así, la organización de la democracia spinoziana precisaría, para mantenerse, del patriarcado. En palabras de la autora (2019):

Spinoza da por hecho una estructura social doméstica, una organización social del cuidado y la reproducción, en la que existe la distinción entre el rol de paterfamiliae, como amo, y los siervos tutelados: infantes, mujeres, niños y esclavos. Una organización social doméstica desigual, que, a su vez, cimenta la desigualdad económica, jurídica y política (p. 63).

Siguiendo la lectura de Alexandre Matheron, Abdo Ferez señala que lo que está a la base de la exclusión de las mujeres es la codicia de los hombres; es decir, el hecho de que son objeto de deseo, de lujuria y de ambición de ellos. Los cuerpos de las mujeres son cosificados, marcados, sancionados, individualizados, repartidos y ocupados por los hombres para mantener la democracia. En resumidas cuentas, la organización política se basaría en la lujuria masculina —heterosexual, claro está— sobre los cuerpos de las mujeres.

Sin embargo, esta vertiente patriarcal y machista tiene su reverso, su contracara. En Spinoza hay una concepción del cuerpo como potencia común, impersonal, sin género y en permanente relación con otros. Esto es, precisamente, lo que han buscado los feminismos contemporáneos en el pensamiento del holandés. Por este motivo, Spinoza puede ser leído «contra sí mismo» (Abdo Ferez, 2019, p. 74). En realidad, esta es la apuesta que recorre el libro de principio a fin: discutir el rol de las mujeres con y contra Spinoza; con su ayuda, pero yendo más allá de él. Al lado de la exclusión de las mujeres de la democracia, la filosofía de Spinoza sería un fecundo campo de exploración para una vida no binaria y no subordinada al dominio de los hombres. Es decir: en Spinoza está la posibilidad de que las mujeres rompan con el estado de sometimiento. Como en su pensamiento no existen las identidades prefijadas, la potencia del hacer común que define a todos los seres deviene una alternativa política propicia para la emancipación de las mujeres.

Más arriba se señaló que la noción de justicia involucra tres cuestiones: 1) la justicia y la injusticia precisan de un derecho común; 2) la justicia implica una voluntad, ánimo o deseo y 3) está lo suyo, el derecho de cada uno. Luego de haber definido la primera, ahora es momento de adentrarse en las dos cuestiones restantes, las que están íntimamente relacionadas.

¿Qué significa para Spinoza la voluntad, ánimo o deseo de dar a cada uno lo suyo? Ante todo, para que exista justicia hay, pues, que desearla: esforzarse por inteligir la idea de justicia. Dicho de otra manera, que cada cuerpo —de manera libre y autónoma— pueda desear lo que desea que es justo; que todos tengan el derecho a desear, a expandir y realizar su deseo; que todos estén en condiciones —materiales, políticas, jurídicas— de desear. La justicia implica el deseo de dar a cada uno su deseo o «el deseo de que cada uno desee» (Abdo Ferez, 2019, p. 88). En consecuencia, este deseo es lo suyo, el derecho de cada quien, lo propio de cada quien. Esta cuestión, aunque a primera vista no lo parezca, es un problema político de primer orden, pues para Spinoza el deseo es la esencia del hombre. Contrario a la tradición psicoanalítica —que entiende al deseo como falta, como carencia—, para Spinoza el deseo es una fuente productora de afectos, una especie de manantial inagotable de energía política, una potencia colectiva para transformar radicalmente el statu quo y luchar contra la opresión. En el caso de las mujeres, se trata de generar las condiciones para que puedan desear por fuera de los imperativos de los hombres. Pese a que la «obra de Spinoza no sea feminista» (Abdo Ferez, 2019, p. 95), permite problematizar los roles de género establecidos en las democracias actuales, las que, en buena medida, se organizan bajo reglas patriarcales: basta ver la restricción de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres (por ejemplo, en muchos países aún se castiga el aborto), la precarización laboral de mujeres migrantes o la desigualdad en el acceso al empleo.

En este marco, Abdo Ferez, siguiendo la huella de Spinoza, invita a asumir el desafío de «vivir colectivamente la corporalidad desde una concepción de cuerpo encarnado (embodiment), de cuerpo más entorno constitutivo, de cuerpo/deseo como proceso social e histórico, desde una epistemología que desconoce qué puede un cuerpo y no se pregunta qué es» (Abdo Ferez, 2019, p. 98). Una sociedad guiada por la justicia no define de antemano lo que puede un cuerpo y, por lo tanto, busca incesantemente que todos los seres humanos —en especial las mujeres, víctimas de una opresión histórica, pero también los inmigrantes, los asalariados y las minorías— puedan desear de manera autónoma y colectiva, sin miedo y sin odios.

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