Violencia y radicalismo: Charla con Xavier Torrens

Matt Popovich @mattpopovich

-¿Qué debemos entender por terrorismo?

El terrorismo es un atentado deliberado para asesinar a seres humanos y vulnerar sus libertades con fines propagandísticos, promovido por una ideología política extremista. Son terroristas el supremacista blanco Brenton Tarrant en Christchurch (Nueva Zelanda), el neofascista Anders Behring Breivik en la isla de Utøya (Noruega), el islamófobo Alexandre Bissonnette en Quebec o el nacionalista blanco Tobias Rathjen en Hanau (Alemania). O los atentados yihadistas del 17A de 2017 en Barcelona, 11M de 2004 en Madrid, 2015 en Charlie Hebdo y luego en Bataclan en París, el 7J de 2005 en Londres, y el 11S de 2001 en Nueva York.

-¿Podemos hablar de «el» perfil (económico, social, educativo, de origen, de edad, de sexo etc.) del terrorista, o el supremacista blanco, el etarra y el yihadista solo comparten el empleo de medios violentos para mandar su mensaje e impulsar su agenda?

Debemos rehuir de los errores que tiempo atrás se cometió con la violencia machista, cuando había gente que creía -erróneamente- que el perfil del hombre maltratador era de clase trabajadora marginado en la pobreza, de bajo nivel educativo y cultural, y alcohólico. Era un perfil equivocado pues los hombres maltratadores también son de clase media y alta, universitarios, cultos y abstemios. Para entender la violencia contra la mujer hay que analizar la misoginia, pues el machismo es la causa de los feminicidios. Pues bien, en el caso de los terroristas también los hay de todas las clases sociales y todos los niveles educativos y culturales.

Para comprender los extremismos violentos hay que analizar sus ideologías políticas causantes, sean el supremacismo blanco, el islamismo radical, la extrema izquierda o el ultranacionalismo. Todas se fundan en la dicotomía de Carl Schmitt, amigo y enemigo (Freund/Feind), junto a una teoría de la conspiración. Además, extrema derecha e islamismo radical comparten el discurso de odio del machismo, antisemitismo y LGTBI-fobia, mientras les diferencia la islamofobia de la extrema derecha y el racismo antioccidental del yihadismo.

Lo que sí encontramos son factores coadyuvantes como el intervalo de edad. La franja de edad en la que predomina el comienzo de un proceso de radicalización se sitúa entre los 15 y los 30 años. Téngase en cuenta que la adolescencia y posadolescencia son etapas del ciclo de la vida en las cuales, ceteris paribus, hay más inestabilidad emocional y un mayor cuestionamiento de la identidad y, a su vez, una necesidad superior de tener un sentimiento de pertenencia. Estos vectores los sacia una ideología política extremista.

-¿En qué consiste el proceso de radicalización? ¿Cuáles son sus causas más habituales? ¿Y las técnicas más eficaces para prevenirlo?

Un proceso de radicalización es la transformación de gente corriente hacia el fanatismo mediante una radicalización cognitiva que puede extremarse hasta llegar en algunos casos a una radicalización violenta.

La causa principal es la existencia de una ideología extremista y de líderes, organizaciones e incluso Estados que dan legitimidad. Hitler, el partido nazi y el Estado fascista consolidaron a la extrema derecha. Stalin, el partido comunista y el Estado soviético fortalecieron a la extrema izquierda. Hoy los discursos antioccidentales tanto de líderes de Daesh (Estado Islámico) y Al Qaeda, como de los dictadores de Irán, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán, amparan el crecimiento del islamismo radical.

Hay dos estrategias ante los extremismos. Una, a corto plazo, la detección del extremismo violento con una política de seguridad. Otra, a medio y largo plazo, la prevención del extremismo cognitivo diseñando políticas con impacto social en educación, cultura y comunicación.

-¿Prohibir y perseguir determinados discursos de odio serviría para reducir el número de atentados?

Hay dos grandes modelos ante el discurso de odio: el estadounidense y el alemán. En Estados Unidos la libertad de expresión está por encima de todo, recogida en la primera enmienda a la Constitución americana. Su protección conlleva que, en lugar de un Estado que penalice, es la propia sociedad civil la que lo hace. Por ejemplo, Mel Gibson nunca fue encarcelado por su antisemitismo, pero Hollywood lo orilló cuando quedó clara su judeofobia. En cambio, en Alemania existe un discurso de odio punible y ello conlleva la prohibición de partidos políticos extremistas. Este modelo europeo de raigambre alemana es que ha permitido ilegalizar el partido griego de extrema derecha Alba Dorada. El problema reside en España cuando adopta el modelo alemán, pero lo aplica a conveniencia según quién esté en el gobierno y la praxis no es rigurosa.

Por lo tanto, tenemos que saber que hay un discurso de odio punible, que es delictivo y le corresponde al sistema judicial con la fiscalía y la policía su detección, y otro discurso de odio que no está penalizado y cuya prevención debería implementarse con políticas públicas de educación, cultura y comunicación. Esta prevención de la radicalización escasea en España. Para llevarse a cabo deberían diseñarse programas educativos con estrategias antirrumores para revertir los prejuicios subyacentes en los extremismos.

-¿Qué factores son más importantes a la hora de predecir un posible atentado futuro?

Más que factores lo que hay son lugares. Encontramos lugares de comisión de atentados y lugares de propulsión de esos atentados. Los lugares dónde se orquestan atentados yihadistas son, sobre todo, dos: las redes sociales y las mezquitas de corte extremista. El ataque del 17A fue un híbrido, con jóvenes radicalizados en las redes sociales y un agente radicalizador como el imam de Ripoll.

Los lugares dónde se cometen atentados son predecibles. Previne dónde hubo el atentado del 17A en Barcelona. Un año, un mes y un día antes del atentado del 17A escribí en el periódico Ara esto: «Pensemos por un momento que un islamista yihadista comete una carnicería mientras una multitud de turistas pasean arriba y abajo de la Rambla de Barcelona». Para nada soy un adivino, lo que hice es construir un escenario de futuro. En Occidente, los terroristas cometen atentados en ciudades globales, como Barcelona. Es así para lograr una mayor repercusión mediática. Y dentro de las ciudades con marca eligen lugares emblemáticos y accesibles, como podría ser el paseo de Gracia de Barcelona, porqué está lleno de terrazas con turistas y allí están la Pedrera y la Casa Batlló.

-¿Recurrir a la violencia es una estrategia útil para los grupos sociales a la hora de conseguir sus objetivos políticos?

¿Quién obtuvo mayores logros políticos para los grupos sociales, Martin Luther King o Malcom X? Luther King y Malcom X formularon el mismo diagnóstico certero: los blancos oprimían a los negros. Sin embargo, Martin Luther King Jr. tuvo un enfoque dialógico para construir una sociedad antirracista para todos, mientras que Malcom X fue antirracista con los negros, pero racista con los blancos y cristianos, antisemita, misógino y con LGTBI-fobia. Esta no es ninguna estrategia útil para nadie, pues un extremismo no debe combatirse con otro extremismo.

-Ceder en algunas de las demandas del grupo terrorista y/o negociar mientras aún no deponen las armas, ¿puede ser una manera adecuada para minimizar los daños?

Ernest Lluch, de cuyo asesinato se cumplen 20 años, defendió el diálogo. El diálogo conduce a la mediación, negociación y acuerdos para alcanzar lo antes posible el fin del terrorismo y la erradicación de los asesinatos. La cuestión no es si el diálogo es útil para minimizar destrucción y muerte, pues sí reduce los daños, sino si es factible. Cada organización terrorista es un mundo y depende del contexto sociopolítico.

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